Sarkozy muestra su rechazo frontal al programa nuclear iraní
Israel recibe con toda la pompa a su «amigo», el presidente francés
Cercana la cumbre de la Unión Mediterránea, los países árabes miran cada detalle del viaje

El matrimonio Sarkozy fue recibido por el presidente Simón Peres
Pocos dignatarios europeos han sido recibidos en Israel con el calor y la fanfarria que Tel Aviv brindó ayer al presidente de Francia. Acompañado por su esposa, Nicolás Sarkozy aterrizó por la tarde en la capital en medio de una pomposa ceremonia de bienvenida con alfombra roja y banda de música, diseñada a mayor honor del primer mandatario galo que, -desde Charles de Gaulle, y lejos de las posturas de Miterrand o Chirac-, ha proclamado desde el Elíseo su compromiso con el Estado hebreo. Y Sarkozy, nieto de un judío griego, no defraudó. «Siempre he sido y siempre seré un amigo de Israel», fueron sus primeras palabras ante los anfitriones: su homólogo israelí, Simon Peres -que alojará al matrimonio presidencial en su propia residencia- y el primer ministro, Ehud Olmert. Ambos acudieron a darle la bienvenida agradecidos por el giro en la política exterior francesa, -la prensa israelí hablaba el sábado del «romance entre París y Jerusalén»-, y la férrea oposición del jefe de la Quinta República al programa nuclear iraní. Sin olvidar tampoco que Francia asumirá el próximo mes la presidencia de turno de la UE, que la pasada semana acordaba iniciar con Israel un proceso de «asociación especial» de extrema importancia, todavía pendiente de definir. Sarkozy llega a Israel decidido a reforzar su imagen como aliado y reparar los vínculos con Washington dañados por la guerra de Irak, en un mal momento de popularidad dentro de su país, y al borde de una delicada cumbre de la Unión Mediterránea prevista el próximo día 13 en París, por la que deberá evitar en esta gira molestar a los líderes árabes, a riesgo de encontrarse con sonadas ausencias entre los invitados. Sabedor de que cada paso será «observado de cerca en Israel, por los palestinos y por el mundo árabe» -señalaba un diplomático galo-, no obvió el sábado referirse rápidamente al proceso de paz con los palestinos para mostrarse a favor de la solución de dos Estados. «Un acuerdo es posible, mañana, y permitiría a los dos pueblos vivir lado a lado en paz y seguridad», dijo en referencia a las conversaciones que se mantienen tras la conferencia de Anápolis. Y añadió, «creo que el camino de la paz no está cerrado, he venido a dar mi apoyo, el de Francia y el de la UE, vuestros socios en las negociaciones». En sintonía con el interés demostrado por Sarkozy en el conflicto regional, el proceso de paz con Damasco y el posible inicio de un diálogo entre Israel y el Líbano, estarán, sin duda, entre los principales puntos de la agenda.