Asegura que su prioridad más inmediata es la protección del empleo
Sarkozy admite en televisión que la crisis es la «peor en un siglo»
El presidente francés insiste en que mantendrá su plan de reformas económicas

Sarkozy analizó ayer la situación económica de Francia en un programa de televisión
efe | parís
La crisis económica actual es «la peor en un siglo», según declaró ayer el presidente francés, Nicolas Sarkozy, quien dijo que su prioridad es la protección del empleo y que mantendrá su plan de reformas.
En una entrevista televisada, Sarkozy consideró «normal» la preocupación de los franceses por el deterioro de su situación económica, pero agregó que su política de reformas para hacer a Francia más competitiva no cambiará por la presión de las manifestaciones.
El presidente francés aseguró que las medidas destinadas a proteger el empleo son un asunto «crucial», reiteró que su objetivo es lograr el pleno empleo en Francia y defendió las medidas ya anunciadas para estimular la creación de puestos de trabajo.
Una semana después de las manifestaciones multitudinarias en las que millones de franceses protestaron por el deterioro de su situación económica y el aumento del paro, el presidente insistió en que «en Francia las hay (las manifestaciones) muy a menudo y si hubiera que parar las reformas por ellas, no habría reformas».
Sarkozy defendió el paquete de medidas de fomento de las inversiones públicas en infraestructuras y transportes como instrumento para hacer que las empresas creen empleo.
Pero insistió en que «la valoración del trabajo» es esencial para hacer que Francia, «la quinta potencia económica mundial», no se quede atrás en el contexto del resto de los principales países industrializados.
Reiteró que su compromiso con sus conciudadanos ha sido el de «hacer que Francia entrara lo más tarde posible en la crisis y salga de ella lo más pronto posible».
Aseguró además que las medidas destinadas a ayudar al sector financiero a finales de 2008, como consecuencia de la crisis que afectó a las instituciones bancarias, «no cuestan ni un céntimo a los franceses».