Tras gobernar treinta años, la izquierda israelí se ha convertido en la cuarta fuerza política del país
Peres concede a Netanhayu dos semanas más para formar Gobierno en Israel
Es el último intento del líder del Likud para atemperar un Ejecutivo que se perfila de ultraderecha

Peres, durante su reunión con el primer ministro electo, Benjamín Netanyahu, en la residencia presid
jerusalén
El presidente de Israel, Simon Peres, concedió ayer al líder del partido conservador Likud, Benjamín Netanyahu, dos semanas más para que forme el nuevo gobierno, en un último intento de atemperar un ejecutivo que se perfila de derecha radical.
Netanyahu empleará el plazo para tratar de asociar al Partido Laborista de Ehud Barak a una mayoría parlamentaria en la que el líder del Likud sólo tiene ahora garantizada la participación de su formación, además de la extrema derecha y el sector ultra-ortodoxo.
No le resultará fácil al próximo primer ministro cumplir su objetivo pese a que Barak ha cambiado de opinión y, de asegurar que los laboristas irían a la oposición, ha pasado a no descartar su incorporación al gabinete, en aras de la «estabilidad del Estado».
Siete de los trece diputados que los laboristas tendrán en el nuevo Parlamento anunciaron que votarán en contra del ejecutivo en la sesión de investidura, incluso en el caso de que Barak se integre en el gobierno, en una amenaza más que velada de escisión. La advertencia refleja la crisis profunda en que el Partido Laborista permanece sumido desde las elecciones del 10 de febrero.
Después de dominar la escena política en los primeros treinta de los sesenta años del Estado de Israel, el primer partido de la izquierda israelí se ha convertido en la cuarta fuerza del país tras unos comicios en los que obtuvo el peor resultado de su historia.
Promesas
Y entre los cuadros laboristas levanta ampollas la idea de formar parte de un gabinete en el que Netanyahu ha prometido el ministerio de Exteriores a Avigdor Leiberman, del racista y ultranacionalista Israel Beitenu, y negocia otras carteras con formaciones integristas religiosas.
No sería la primera vez que los laboristas se integrasen en un ejecutivo con partidos conservadores y ultraortodoxos, con los que han compartido el actual de Ehud Olmert, primer ministro saliente y también líder cesante del Kadima, formación de derecha moderada.
Pero el varapalo electoral, el claro giro derechista que marcaron las urnas y la perspectiva de tener compañeros de viaje con discurso xenófobo inequívoco -”como Lieberman-”, son escollos casi insalvables en la labor de convicción de Barak a sus compañeros de partido.
Netanyahu le ayudará en la tarea y, tras recibir la autorización de Peres para ampliar sus gestiones de formación de gobierno, esta mañana adelantó que contactará con «todos los dirigentes para que reconsideren integrar un ejecutivo de unidad nacional».