Las personas sin hogar se rebajan a 25.000, mientras se buscan soluciones

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León

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i. d. | l´aquila

Tras el pánico, el mayor temor de los miles de personas que se han quedado sin hogar es pensar en el futuro. El Gobierno lo sabe, pues la tradición ratifica implacable que las víctimas de terremotos acaban olvidadas, y el primer ministro, Silvio Berlusconi, volvió ayer a la zona para visitar campamentos y prometer que «nadie será dejado solo». «No os preocupéis, la reconstrucción será rápida», aseguró en el campo de Bazzano, de 150 personas. También animó personalmente a todos a abandonar las tiendas y dirigirse a alguno de los hoteles reservados a los afectados aunque, como siempre, lo hizo con su peculiar estilo: «Id a la costa, es Semana Santa, tomad un descanso que pagamos nosotros. Estad tranquilos, nosotros mientras tanto hacemos el inventario de los daños», repitió.

Los técnicos que deben evaluar, casa por casa, el estado de las viviendas comienzan hoy su trabajo. Son 1.500 y se calcula que tardarán una semana. Entonces decidirán quién puede regresar a su hogar y quién no. Ayer, de momento, se rebajaron las cifras de personas sin techo: los 70.000 que se barajaban el lunes se redujeron a entre 20.000 y 25.000, según los datos del Gobierno regional. Entre los campamentos y los hoteles de la costa adriática acogerán a la mayor parte. Durante el día de ayer la maquinaria de auxilio ya funcionó plenamente y se terminaron de instalar 20 campamentos para 14.500 personas. Los hoteles ofrecen 6.500 camas más. No obstante, la primera noche fue muy difícil. En numerosos casos sólo se acercaron a comer a los centros de atención, y volvieron a dormir a sus coches, cerca de sus casas.

Tragedia

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Los equipos de socorro cuentan que pocas horas después del terremoto, al alba, comenzaron a sonar despertadores entre las ruinas. Fue un momento desolador. Pasadas más de 24 horas del brutal seísmo de la madrugada del lunes surgen miles de historias personales, de lo más terrible a lo milagroso. La tragedia desgarradora e inmensa se encierra en el caso de una mujer de 31 años, Giovanna Berardini, con un hijo de dos años, que estaba a punto de dar a luz. Tenía la bolsa preparada para ir a las urgencias de maternidad. Murieron todos en casa, también su marido.