El primer ministro italiano asegura que el divorcio será «duro» y que «no creo que vuelva con ella»
Berlusconi vive su peor momento al no frenar su esposa el divorcio
Sus índices de popularidad, que superan el 70%, no se ven alterados por sus actuaciones
Berlusconi y su esposa, en una imagen tomada en mayo del 2005
roma
El primer ministro de Italia, Silvio Berlusconi, de 72 años, vive sus horas más bajas tras saber que «la más hermosa de todas las mujeres» como definió una vez a su esposa, Veronica Lario, de 53, no da marcha atrás en su intención de divorciarse.
Un duro golpe para Il Cavaliere, acostumbrado a cosechar un éxito tras otro y con unos índices de popularidad en Italia que rebasan el 70 por ciento y que ni siquiera resultan mellados por sus comentarios jocosos y sus actuaciones políticamente incorrectas.
El Berlusconi de arranques, impetuoso, bromista y que actúa con la soberbia y seguridad que le otorga el saberse el hombre más poderoso y de los más ricos de Italia, reaccionó ayer entre la amenaza de un divorcio «durísimo» y la resignación de un «no creo que vuelva con ella».
Fue en los camerinos del teatro Manzoni de Milán, donde prodigó Berlusconi sus palabras de amor a Veronica Lario tras su interpretación femenina en el Magnifico Cornudo de Fernand Cromelynk en 1980. Todo un flechazo.
Veronica era entonces una sexy y bella actriz de escaso éxito, de labios carnosos, mirada felina y clara que contrastaba con su oscura melena, mientras que Berlusconi ya era todo un magnate casado con Carla dall-™Oglio con la que tenía dos hijos.
La pasión entre Lario y Berlusconi se desató en la antigua villa Bortelli, sede de Fininvest, en Milán, y fruto de ella en 1984 nació su primera hija, Barbara.
Un año después llegó el divorcio de su primera mujer y a continuación el nacimiento de otros dos hijos, Eleonora, hoy de 22 años y Luigi, de 20.
El 15 de diciembre de 1990 Silvio Berlusconi y Veronica Lario se casaban en ceremonia civil en el Palazzo Marino de Milán apadrinados por Bettino Craxi, ex presidente de la República.
Veronica Lario describió a su marido con una sola palabra: «irresistible», cuando fue nombrado primer ministro en 1994, pero nunca ejerció de activa primera dama.
Fue Berlusconi el que en el 2002 se adentró en temas personales en público cuando se rumoreaba la existencia de una relación amorosa entre su mujer y el filósofo Massimo Cacciari.
En una conferencia de prensa con el entonces primer ministro danés, Lars Rasmussen, en el Palacio Chigi, Berlusconi dijo: «Rasmussen es el primer ministro más guapo de Europa, pienso presentárselo a mi mujer porque es más guapo que Cacciari».
Después de aquel episodio, las apariciones públicas de Veronica Lario se fueron espaciando, prefirió permanecer en un discreto segundo plano, se envolvió en un halo de melancolía y se enfrió la convivencia con su marido hasta su 50 cumpleaños, en 2006. Su marido le organizó una fiesta sorpresa de dos días en Marraquech (Marruecos), en la que se disfrazó de bailarín marroquí y movió las caderas para diversión y gozo de su mujer.
Pero sólo se trató de un divertido paréntesis, porque a partir de entonces Veronica cogió la pluma y se dedicó a desahogarse.