Indonesia pierde la esperanza y deja de buscar supervivientes del seísmo

Cinco días después del terremoto que estremeció a Sumatra y que podría haber dejado 5.000 muertos, el Gobierno decidió suspender ayer las labores de rescate

Habitantes de Cumanak observan los destrozos en viviendas tras el terremoto.

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colpisa | padang

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Indonesia perdió la esperanza de hallar supervivientes y suspendió ayer su búsqueda en Padang, cinco días después de que un violento terremoto estremeciera a esta gran ciudad de Sumatra, y se concentra ahora en prevenir los riesgos de epidemia.

El portavoz de la agencia para la gestión de catástrofes, Priyadi Kardono, confirmó que la búsqueda de supervivientes en Padang había cesado. «Hemos puesto fin anoche (lunes) al esfuerzo para hallar sobrevivientes en Padang, aunque (las operaciones de búsqueda) siguen en curso fuera de Padang», dijo.

Según la ONU, al menos 1.100 personas perecieron en este sismo de magnitud 7,6 pero se estima que el número de víctimas mortales puede llegar hasta 5.000. Según fuentes indonesias, el número de muertos confirmados hasta ahora es de 551.

Las operaciones de socorro eran cada vez mas difíciles, debido al mal tiempo que reinaba el domingo y el lunes en la zona, afectada por fuertes lluvias.

En descomposición. Ahora, el objetivo es atender a los heridos y prevenir la propagación de epidemias, así como retirar de los escombros los cadáveres en descomposición. «Debido a las malas condiciones sanitarias y a la falta de agua corriente, incluso una pequeña herida puede poner una vida en peligro», advirtió la ONG World Vision.

«Las operaciones han sido reemplazadas por la asistencia a la población», explicó el capitán Stéphane Nisslé, oficial de comunicación del destacamento enviado por Francia a Indonesia tras el terremoto. «La lluvia agrava nuestro sufrimiento», se lamentaba este lunes Simah, que perdió su casa en la localidad de Koto Mambang, a unos 40 kilómetros de Padang.

Su familia y sus vecinos hallaron refugio en tiendas de campaña, muchas de ellas empapadas. «Los niños tienen diarrea y no paran de llorar», dice Simah.

El mal tiempo frena la llegada de la ayuda a los pueblos cuyas casas han sido derruidas o enterradas bajo los deslizamientos de tierra, según constató un periodista de la AFP.

El fango dificultó además la instalación de un hospital de campaña por parte del equipo de 40 socorristas enviado por Rusia.

Los 115 rescatistas suizos, apoyados por perros especializados, llevaban desde el viernes trabajando, pero ya dejaron de buscar entre los escombros de hoteles o escuelas. Lamentan «no haber hallado personas vivas», según dice su portavoz, Michel Mercier.

Señal de un paulatino retorno a la normalidad, algunas escuelas volvieron a abrir el lunes sus puertas.

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Yusnidar, de 60 años, intenta volver a poner en marcha su restaurante. «Debo ganar dinero, y tengo a 12 personas trabajando aquí», explica esta mujer.