A Obama le llueven las criticas en el primer aniversario de su elección
La izquierda le pasa cuentas por su falta de acción y se queja de la estela de pasividad que ha dejado su victoria

Obama firma la ampliación de ayudas para personas con VIH.
El 4 de noviembre pasado Barack Obama culminó en Chicago un «viaje improbable» que le tuvo tres años en la carretera. «Yes, he can», recuerda esta semana Newsweek en portada, para añadir entre paréntesis: (pero desde luego todavía no lo ha hecho). La revista de tendencia progresista adjunta «una guía de supervivencia para los liberales» desencantados con el presidente del cambio.
Hasta Bono, que apoyó su campaña y tocó en los actos de su toma de posesión, se lamentaba estos días de cómo se ha disipado el entusiasmo. «Pensé que EE.UU. tenía un buen porvenir por delante, y ahora las cosas se están poniendo difíciles», admitió. El país en el que Obama prometió crear un verdadero Estados Unidos de América, sin diferencias entre los estados rojos (conservadores) y azules (progresistas) vive hoy el momento más polarizado desde la histórica toma de posesión, según el cantante y activista.
Para Newsweek el veredicto recae sobre el sistema. «De cuando en cuando el pueblo estadounidense participa en un espejismo de masas sobre cómo funciona el Gobierno», entonaba. «Tal espejismo tuvo lugar hace exactamente un año, cuando un afroamericano de 47 años al que se le habían dado pocas probabilidades de ganar fue elegido presidente de EE.UU.». Cuanto más a la izquierda, más dura es la crítica con el balance de Obama. Los que luchan por la igualdad racial también sostienen que Obama les ha minado el mensaje, «no se puede permitir que bajo el tema de la raza y de ser el primer presidente negro de EE.UU. se encubra la fea realidad de sus políticas de clase». «Si Bush lo hubiera hecho se le hubiera desestimado como racista, pero cuando lo dice el primer presidente negro atrae atención», señala Cornel West, una eminencia en estudios afroamericanos de la Universidad de Princeton.
Una cosa es segura, el estilo conciliatorio de Obama no ha servido para ganarle el apoyo de los conservadores y sin embargo ha dejado sin aire a la izquierda y a su propio partido para continuar la lucha. Y a un año de su elección, la revolución de Obama sigue de resaca.