Diario de León

Reportaje | miguel ángel zamora

Tras las campanadas, doce empujones

El primer bebé de la capital fue Ariadna Castaño Fernández, que nació en el Complejo Asistencial de León tras un parto casi meteórico de 20 minutos

Ariadna, junto a su madre y otros familiares.

Ariadna, junto a su madre y otros familiares.

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«Partos de verdad eran los de antes. Yo a los míos los tuve en casa, y me cortaban con las tijeras de coser. Y para sacarme la placenta se ponían encima de mí y me soplaban no sé por dónde... Eso era sufrir, lo de ahora es una broma con las inyecciones esas que les ponen». Con setenta y pocos años, Esperanza, la bisabuela del primer bebé del 2010 en la capital, anda ya más que curtida en nacimientos a la puerta de la habitación en la que Sheila, la madre de la pequeña, descansa después de un parto exprés .

«Comí las uvas en casa y todo y de repente noté dolores. Vine al Hospital a las 7.20 y me metieron en el paritorio casi de cabeza, porque ya le asomaba el pelo a la niña. A las ocho ya estaba fuera».

Residente en San Andrés del Rabanedo, teleoperadora de profesión «aunque no pienso volver hasta septiembre», la madre se queda sola a media mañana: «Rubén (padre del bebé) se ha ido a casa a ducharse para relajarse un poco». El padre de familia trabaja en la construcción de un túnel en Vigo y está orgulloso del primer vástago. «¿El segundo? Espera unos años anda, no nos metas prisa», sonríe la mamá mientras exhibe orgullosa a la pequeña.

«La verdad es que me han atendido con mucha amabilidad», reconoce la progenitora. Ha tenido más suerte que una primeriza que a principios de septiembre, en un parto muy duro en el Complejo Asistencial de León, se quejó de los terribles dolores que padecía: «Pues haber adoptado una china y así no estaríamos pasándolo mal ahora mismo ni tú ni yo...», le espetó a la parturienta una de las asistentes que la atendía.

Los pasillos de la V-0 del Complejos Asistencial de León (Tocología para el vulgo) registran actividad en el primer día del año. Por aquí, un par de cochecitos a estrenar con ocupante nuevo en los brazos de papá. Por allá, una familia que llora alguna desgracia maldita. Y por todas partes, nervios a flor de piel, entre biberones minúsculos que entran y salen de nidos. Huele a vida en los Altos de Nava con la primera mañana de la nueva década.

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