El dolor no tiene sexo
El rechazo social lleva a hombres y mujeres a ocultar la enfermedad
Los médicos le dijeron a Alfonso -”nombre ficticio de uno de los afectados por la enfermedad, que no quiere que se desvele su identidad por el temor al rechazo en su trabajo-” hace catorce años que era «extremadamente sensible a los cambios climáticos». Varios meses después y tras la visita a varios especialistas, un reumatólogo le diagnosticó «polialtralgias funcionales», es decir, dolores inespecíficos. «Me dijo que volviera al médico de cabecera, que él me indicaría el tratamiento, y que no hacía falta que volviera a la consulta». Pero los dolores, el cansancio, el estado de ánimo, la rigidez muscular y los trastornos digestivos no desaparecieron. Fue un médico de Medicina Interna del Hospital de León el que le habló de la fibromialgia, pero tras once meses de baja, los especialistas de la Inspección Médica le consideraron apto para el trabajo y en el informe de alta no se mencionaba la fibromialgia en ninguna parte.
«Es difícil, como hombre, decir que tienes fibromialgia porque te dicen que es una enfermedad de mujeres, que es cuento. Eso duelo más que los propios dolores», se lamenta Alfonso.
Alfonso es uno de los cuatro hombres que pertenecen a la Asociación de Fibromialgia de León, pero reconoce que no son muy participativos y soportan en silencio los síntomas. Ellos también padecen la enfermedad, vinculada tradicionalmente al género femenino, La dificultad del diagnóstico hace que la mayoría de las personas con dolor crónico generalizado localizado en el aparato locomotor no sepan que los síntomas descritos hace 150 años, y que les provoca fatiga crónica, tiene un nombre que todavía arrastra prejuicios en el diagnóstico, al ser una enfermedad que afecta a un 99% de mujeres. En la provincia de León hay aproximadamente quinientas personas diagnosticadas, pero son más los leoneses que ignoran su enfermedad. Los especialistas y estudiosos de esta patología orientan hacia el neurólogo el tratamiento de unos síntomas que, hasta ahora, pertenecía al terreno de la reumatología.
La familia, efectada . La mujer de Alfonso asegura que la familia no puede hacer planes, «tenemos que esperar a ver si él puede o no. A veces me siento impotente porque no puedo ayudarlo. Hay muchas noches que se levanta porque no puede aguantar el dolor y eso le cambia el humor».
Y la líbido. El dolor y el cansancio influye también en las relaciones sexuales. «Las mujeres» -”asegura la presidenta de Alefas, Isabel Fernández -” padecemos lo que se llama síndrome seco. Cualquier abrazo nos duele, y a ellos también. Es fácil imaginar que las relaciones de pareja se resienten porque ellos y ellas no lo acaban de entender». Como tampoco lo entienden los compañeros de trabajo, los jefes, los amigos y los familiares. «Por eso se ocultan los síntomas. Nuestras familias no entienden lo que nos pasa», asegura Fernández.