Diario de León
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Desde el Rubicón F. ramos

Lázaro García Bayón está triste. ¿Qué le pasa al magnífico y excelentísmo alcalde de Villaquilambre? Asegura que se está pensando si se presenta o no a la secretaría general de su partido, porque no quiere pelear con un compañero. Éste gran hombre siempre ha mirado por los demás. Lo hizo con Luis Herrero Rubinat, cuando le garantizó que no le disputaría la Diputación, que él no quería entrar en esa guerra. Rubinat lo creyó, se confió y perdió. Ahora, el estratega Bayón, con su abrigo sobre los hombros, vuelve a levitar por encima del resto y desde su atalaya se revestirá de hombre bueno.

Alguno ya le ha creído, pero quizás debería fijarse en las barbas remojadas de Rubinat. Bayón, el hombre al que el Ayuntamiento de León premia con 3.000 euros al mes por ni siquiera acudir a su trabajo, no sólo va a presentarse, sino que como el del Nuevo Testamento ya se ha levantado y dado los primeros pasos. Hoy, el alcalde de Val de San Lorenzo, Guillermo Tejerina, saldrá contra Enrique Soto cumpliendo las órdenes dadas por García Bayón. Nada dirá Tejerina de su nulo compromiso con el partido: no asistió al congreso de los estatutos ni a más del 80% de los comités ejecutivos y tampoco a la comarcal, por no hablar de sus continuos contactos con Joaquín Otero. Lázaro García Bayón ya se ha movido, pero Chamorro sigue pensando que está quieto y a su lado. Ni lo uno, ni lo otro.

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