El cambalache de la PAC está de vuelta

La apertura del plazo de solicitud de ayudas europeas aviva el rosario de caza primas que cada año buscan hectáreas en León para activar derechos millonarios

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L. urdiales | redacción
León

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Bajo el entramado legal que justifica ayudas de Europa para beneficiarios que no producen actividad alguna relacionada con el sector objeto de subvención se esconde la justificación de pagos millonarios a cuenta de superficie que en muchos casos no sabe ni dónde está quién percibe el dinero en la cuenta.

La letra oficial que permite ese cambalache sigue vigente, a pesar de las denuncias sobre la existencia de una trama que, además de cuestionar la moralidad de financiar con dinero público de la UE objetivos sociales y económicos inexistentes, y ya se puede tramitar a través de las ventanillas de la Junta de Castilla y León, ente a través del que se encauzan y se pagan las ayudas que presta Bruselas.

Desde hace dos semanas se suceden las procesiones de los caza primas en busca de las superficies de la provincia de León que cada año entran en mercado para justificar pagos de la PAC fuera de la provincia, a perceptores de ingentes cantidades de dinero que llegan a cuenta de unos derechos que sólo se activan con hectáreas a cambio. Ese terreno no se empleará nunca para la cuestión que señalan los documentos de la PAC. La simplificación del trámite descubre al promotor del fraude a los principios básicos que promovió la Política Agraria Común, en torno siempre a compensar a los profesionales agrarios por la competitividad y la tarea de sostener un hábitat económico en condiciones nada rentables: cada solicitud se acompaña de una referencia catastral del terreno que se incluye en el trueque, con su parcela y su polígono, por lo que detractores de esta práctica fraudulenta para el sistema no entienden las reticencias de la administración a investigarlas.

«El rastro que dejan esas solicitudes es casi una provocación para aquellos responsables de la administración que tengan un gramo de decencia», alegan aquellos que propugnan por llevar a los órganos de gobierno de la Unión Europea este mercadeo «qué sepan cómo se ventila el dinero que destinan a igualar las condiciones de vida de nuestro medio rural con los de otros países más avanzados».

La mitad norte de la provincia de León ofrece el terreno que necesitan los promotores del cambalache, con derechos adquiridos para recibir dinero de la PAC que no llegaría a la faltriquera a no ser por esas miles de hectáreas de valles y montes leoneses, la mayoría propiedad de entes locales, juntas vecinales o, en menor medida ayuntamientos.

La legión de caza primas procede de lugares lejanos, variados, que se juegan cada año ingresos de miles de euros (hay alguno de los perceptores que la pasada campaña logró cobrar cerca de 70.000 euros a costa de este sistema) que no llegarían a su cuenta a no ser porque logran engañar a la administración europea al simular que esa superficie que activa los derechos es para su aprovechamiento o para alimento de rebaños.

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Ni siquiera les haría falta, porque la norma, según está escrita permite a un beneficiario de Cuenca o Valladolid cobrar millones a cuenta de tierras asentadas en León o en la luna.