La policía detiene «in fraganti» al atracador de una joyería en Trobajo
El caco aprovechó que entraba la hija de la propietaria, embarazada de siete meses y con un bebé en el cochecito, para ponerles en el cuello un cuchillo

Un vecino de Trobajo capta con su cámara el momento en el que llega la policía para detener al atrac
«Vino un ángel y nos iluminó», contaba entre sollozos Hilda, la hija de María Florentina Fernández, la propietaria de la joyería situada en la calle Pablo Párroco Díez, en Trobajo del Camino, que sufrió ayer un intento de atraco a las doce de la mañana. La casualidad hizo que una clienta de la joyería, que acababa de salir del local, sospechara que algo raro pasaba al ver a un joven «con una pinta muy rara», merodeando por la puerta del negocio y que en ese preciso momento pasara por la carretera un coche de la policía local de San Andrés, que se dirigía a atender un accidente de tráfico. «No pasó ni un minuto desde que entró el atracador hasta que llegó la policía», asegura María Florentina.
El caco, D.P.R., de treinta años y vecino de una localidad próxima a León, aprovechó que entraba en el local la hija de la dueña, Hilda, para colocarle un cuchillo jamonero en el cuello a la víctima, embarazada de siete meses y con un bebé en el cochecito, al que también amenazó. Cubierto con un pasamontañas, exigió a la propietaria que le llenase la mochila de joyas, petición que ya estaba cumpliendo la víctima cuando aparecieron en la puerta los dos agentes de la policía. «Sólo me dio tiempo a meter una manta llena de sortijas de oro», contaba ayer aún nerviosa la propietaria.
La detención. Tras ser parados en la calle por la amiga de la familia, que les dio el alto en la carretera, los dos agentes aparcaron el coche y se dirigieron a la puerta de la joyería apuntando hacia adentro con sus armas reglamentarias, «vimos que el atracador tenía agarrada a la chica y que la amenazaba con un cuchillo en el cuello, entonces le grité que soltara a la víctima y dejase el cuchillo. Intentamos derribar la puerta con una patada, pero no pudimos».
Al comprobar que había sido descubierto, el atracador soltó una expresión de fastidio: «¡Ya se acabó!», según comenta la propietaria de la joyería, y dejó el cuchillo sobre el mostrador. María Florentina temió que esa frase tuviese otro significado y que sacase una pistolade la mochila, «fue un momento de mucha inquietud», pero el joven permitió que se dirigiera a la puerta para abrir a los agentes. «Se tumbó en el suelo y lo detuvimos sin problemas. Colaboró en todo momento e incluso nos dijo donde tenía el coche con el que pensaba huir», comentaron los policías a este periódico.
El detenido, que no tiene antecedentes policiales, permaneció ayer en los calabozos a disposición judicial.
La propietaria de la joyería puso la denuncia, tras la que le sería devuelta la manta con las joyas, que estaba a disposición judicial.