Reportaje | l. urdiales
Clon del febrero del 80
Las precipitaciones se incrementaron el último mes hasta un 300% con respecto a los valores normales de febrero

El agua en Riaño se aprecia en las colas del embalse.
La estadística explica la razón por la que no cabe una gota de lluvia más sobre León; hacía treinta años que febrero no presentaba una situación climatológica tan afín al concepto invierno. Invierno por frío y por precipitaciones; invierno por carga de nieve y por temperaturas mínimas. Un febrero, el último, calcado al que abrió la década de los ochenta.
Con respecto a los valores medios registrados a lo largo del mes más corto del año, la temperatura se arrugó hasta dos grados, de acuerdo con el informe emitido por la Agencia Estatal de Meteorología; que ya es retroceder. Las heladas nocturnas echaron el termómetro a niveles propios de días invernales más recios, más desapacibles, menos propios de camino que acerca el tiempo primaveral. El tiempo que convirtió al último mes de febrero en clon de aquel frío año 1980, calcó aquellos datos en registros de precipitación. Con tanto empeño, que algunas zonas de la provincia de León experimentaron un incremento de hasta el 300% con respecto a los valores normales de este fenómeno durante este periodo.
Se explican así los campos anegados, las avenidas fluviales, los ríos lejos del cauce.
El exceso se observa también en el cómputo que recoge el agua embalsada, nunca tan alta desde el año hidrológico 79-80, que llevó a las presas a rebosar antes de que se abordara la primavera. Y entonces aún no se contaba con ese océano fluvial que ahora es una losa sobre los valles del Esla.
Meteorología predice que en primavera no se va a repetir un ciclo meteorológico exagerado, ni para la lluvia ni para la aparición del calor.