Diario de León

Un ejército de jabalíes como factor de contagio de la brucelosis y la tuberculosis

Un corzo ahogado en un canal de riego del que no pudo escapar.

Un corzo ahogado en un canal de riego del que no pudo escapar.

Publicado por
L. urdiales | redacción
León

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Se amplía el número de facultativos especializados en programas de control y erradicación de enfermedades que alerta de la imprecisión de las campañas de saneamiento pecuario mientras no se controle la presencia de esas enfermedades entre la fauna salvaje. Manadas de jabalíes, un ejército si se toman en cuenta los avistamientos de estos animales surcando terrenos destinados a pastos de bovinos y ovinos, recorren las zonas sensibles al contagio como portadores de brucelosis y tuberculosis. «No han hecho nada por controlar la presencia de bacterias de estas especies, en jabalíes o corzos, en tejones también, que como se ha acreditado en otros países europeos son el principal foco de contagio para las reses de explotaciones de régimen extensivo, con manejos en pastos a los que acceden los rebaños cada vez más poblados animales salvajes que portan las enfermedades que tanto cuesta erradicar de la cabaña ganadera leonesa», coinciden en apreciar los sindicatos agrarios. Estas organizaciones, a rebufo de las tesis científicas que señalan al jabalí y al corzo como principales causas de la expansión de la brucelosis o la tuberculosis entre el ganado, exigen a la administración medidas más allá de las severas campañas de saneamiento, costosas y, por lo que resulta de la mediación de la extendida fauna salvaje, no tan eficientes como se anuncian.

Ahí, en el episodio del jabalí y cualquier ejemplar de la familia de los ungulados contra la cabaña ganadera, se habilita el segundo daño colateral de la legislación que concede barra libre a la fauna. «Para hacer frente a ese avance habría que darle la vuelta al código penal», se quejan en las áreas en las que no es posible conjugar el libre albedrío del jabalí y el medio de vida más común en las áreas rurales leonesas. Defender una propiedad privada del paso, alimentación o recreo de la fauna salvaje supone como mínimo una sanción de seis mil euros; además de prestarse voluntario a perder el permiso de armas de caza y de asistir como imputado a un proceso judicial. «Puede extrañar en otro sitio; donde se siente el avance de estos animales, que dejan daños continuos a su paso, no tenemos duda de que donde hoy hay veinte en un año habrá ochenta o cien; o cambian la ley o perderemos la batalla», exponen en áreas rurales.

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