Los peritos certifican que el acusado del crimen de Maite sabía lo que hacía
La defensa impugna el testimonio de los forenses con el argumento de que no cuentan con especialización, mientras la fiscal insiste en pedir 25 años de cárcel

J.H.P., repitió en su intervención final del juicio que su intención era «robar, pero no matar
El «acto» que acabó con la muerte de Maite García, en la madrugada del 22 de noviembre del 2008, «se ejecutó con lógica y congruencia: ocultó el rostro, intentó esconder el arma y huyó, lo que indica su consciencia», según certificaron ayer los peritos forenses, quienes abundaron en que el acusado «no tienen síntoma alguno de trastorno psiquiátrico, ni patología compatible con síndrome de abstinencia, ni síntomas que alteraran sus condiciones de voluntad o conocer»; al tiempo que asentaron que el consumo de drogas que acumulaba el día de autos -"«24 pastillas de trankimazín y puede que alguna cerveza, según el presunto culpable-" «no es tan alto como él narra». «Los hechos deben ser fruto de la patología y no la patología de los hechos», diferenció uno de los dos médicos. «Rotundamente, no ha afectado a su capacidad volitiva», sentenció su compañero ante la insistencia del abogado de la defensa, quien reclamó la impugnación de la valoración de estos técnicos tras poner «en duda que la especialidad de ambos sea la de psiquiatría».
«No hay ninguna duda» para la fiscal, quien ratificó su petición de 24 años y 11 meses de cárcel: un año y once meses por robo con violencia en grado de tentativa; cinco años por un delito de robo con violencia consumado; y 18 años por un delito de asesinato con alevosía sorpresiva con agravantes de reincidencia y disfraz. La representante del Ministerio Público señaló que «ha quedado plenamente acreditado» la autoría de los hechos. «Sólo tiene pérdidas de memoria con respecto al apuñalamiento, pero el resto lo recuerda con detalle», apuntó, tras citar que reconoce «haber tenido un forcejeo con las dos mujeres», en la calle Lope de Vega; que se deshizo de la careta de monstruo -"que contenía «células epiteliales con idéntico perfil genético que el del acusado», según confirmó la Policía Científica-"que le había regalado su hijo en una papelera de la calle Dámaso Merino, junto a un guante de plástico; que tiró en un contenedor de vidrio de la calle Pilotos Regueral un cuchillo ensangrentado, cuya muestra de sangre coincide con la de la víctima; que arrojó el bolso a un solar de la calle Panaderos; y que quemó los documentos en su casa. Un lugar en el que se encontró «el móvil de la fallecida», desde el que llamó y abrió la pista para que la policía le encontrara.
La fiscal explicó que la petición de «asesinato, no homicidio» se basa en que «hubo alevosía sorpresiva: fue un ataque súbito, inesperado e imprevisto, en el que no exhibió el cuchillo, ni habló nada con ellas, ni hizo gesto de llevar nada oculto», con lo cual «la capacidad de defensa es nula» y determina que «se defendían del robo del clásico tirón».
Para reforzar esta argumentación, la representante del Ministerio Público, apoyada en el testimonio de los forenses, incidió en que «se utilizó un cuchillo de 20 centímetros», con el que se dieron «5 puñaladas, 3 de ellas mortales», con «agresividad y violencia». La primera le entró el intestino, la segunda la atravesó el corazón, la tercera le destrozó el bazo, la cuarta le acertó en el brazo y la quinta le marcó el mentón.
Con todos estos datos, dentro de la calificación del delito, la fiscal reclamó como agravantes el disfraz, «que impedía reconocerle», y la reincidencia: «22 delitos de robo con violencia e intimidación», por los que ya ha estado en cárcel 15 años. Visto para sentencia ya, en unas semanas se sabrá el veredicto.