Reportaje | sergio villa
Cada vez más leoneses entregados
Cada vez son más los leoneses que dedican sus vacaciones a trabajar ayudando a los demás bajo los programas de «Vacaciones solidarias» que ponen en marchas numerosas ONGs. Este es el caso de Ana Cabezas y Silvia Puerta

Imagen de archivo de la Semana de Formación en Expertos en Cooperación Rápida.
Siempre que se piensa en vacaciones de verano se comienza a soñar con paradisíacas playas, viajes, fiestas de verano, diversión, sol, una cervecita en el chiringuito... Pero existe otro tipo de turismo, no tan común, pero muy satisfactorio: el turismo solidario. Cada vez son más las ONGs y fundaciones que, a través de programas llamados Vacaciones Solidarias , atraen a cientos de voluntarios. Personas que colaboran, no solo económicamente, sino que también con su trabajo. Consideran que la prosperidad debe de llegar a todos. Son revolucionarios de su tiempo y comprometidos con los problemas de su época.
Muchos de estos insurrectos son nuestros vecinos, compañeros o amigos. Este es el caso de Ana Cabezas que viajó hasta Nicaragua con el programa «Vacaciones Solidarias» de la Fundación para el Desarrollo de la Enfermería (FUDEM). Esta institución trabaja sobre proyectos de desarrollo, apoyándose en la figura del enfermero. Siempre trabajando con la gente local que desempeña las labores de enfermería. Juntos elaboran un plan de acción que puede consistir en una tarea de formación para personas que desempeñaran la labor de enfermeros. También existen proyectos que fundamentalmente consisten en equipamientos y recursos sanitarios.
Los programas de Vacaciones Solidarias de FUDEM exigen para el personal que su mes de vacaciones lo dediquen a estas actividades. Los costes económicos corren a cargo de la cuenta del voluntario, una muestra del compromiso de los voluntarios con los damnificados.
Ana Cabezas es enfermera en el Hospital de León. En el 2009 permaneció un mes colaborando con los asistentes sanitarios de Nicaragua, en unos días repetirá la experiencia viajando hasta un nuevo destino con FUDEM. Durante sus estancia en el país centroamericano tuvo la oportunidad «de conocer el sistema sanitario nicaragüense, como trabajan y que medios tienen».
Allí pudo comprobar la falta de medios que existe en los centros sanitarios : «Hay carencias de todo tipo. Yo venía del Hospital de León, donde contamos con la mejor tecnología y los mejores medios. Llegas allí y no tienen nada. En ocasiones pueden poseer monitores, pero entonces les faltan los cables o cualquier otro elemento necesario para que sea eficaz, de tal manera, que al final los monitores no sirven para nada». En cuanto a la experiencia vivida afirma, que es «única, en poco tiempo coges cariño a mucha gente con la que nunca has tratado. Pasan unos días y ya parece que les conoces de siempre, es un enriquecimiento personal impresionante. Cuando vuelves aprendes a relativizar todos los problemas. Muchas de las cosas que das importancia dejan de tenerla».
En Nicaragua atendió todo tipo de urgencias, «como en una ocasión que íbamos unos compañeros y yo en una furgoneta de la fundación. De repente salió una persona, no sabemos muy de donde, nos llevo hasta su casa y había una chica de unos 17 años embarazada con unos problemas de hipertensión. Ella ni siquiera se había enterado de que estaba esperando un hijo. Tuvimos que llevarla al hospital, afortunadamente se recuperó. Pudo perder al niño e incluso su vida».
Ana siempre quiso ayudar «viajando al lugar y ayudando allí, en primera persona. Pero finalmente decidí ir cuando una compañera del Hospital, me contó su experiencia, fue el empujón que necesitaba». Esta compañera que atrajo a Ana hasta la fundación fue Silvia.
Esta enfermera, también del Hospital de León, viajó con FUDEM a Nicaragua. Silvia Puertas Fernandez pudo acompañar a las enfermeras y compartir conocimientos y experiencias. Esta sanitaria leonesa se confesaba: «Siempre había tenido inquietud por hacer algún tipo de voluntariado. Por este motivo comencé buscando información en internet y entonces encontré a FUDEM. Llamé y me interesó el proyecto». Cuando llegó a Nicaragua pudo confirmar que las informaciones sobre la pobreza que vive el país no eran exageradas. «Comprobé que existen necesidades muy básicas. Desde no tener nada que comer, pasando por no poder vestir, hasta la falta de un sitio decente donde vivir». La miseria llega también a los servicios públicos tan básicas como la sanidad en donde pudo comprobar que falta material sanitario de todo los tipos. «Incluso algo tan simple como una pastilla de jabón».
Y es que «la higiene es uno de los problemas más importantes» a los que se enfrentan los servicios de salud. En este sentido Silvia afirmo que hay muchos zonas del territorio a donde ni siquiera llega el agua potable.
Cuando comenzó su periplo por Nicaragua encontró cierto recelo en algunas personas locales. «Parecíamos los listillos que íbamos a dar lecciones, pero luego la verdad es que fue todo muy bien». A medida que se acercaba el momento de volver, aumentaban las ganas de ver a mi familia y volver a las comodidades. «De vuelta en España ves todo más superficial, no nos hace falta todo lo que tenemos. Te das cuenta cuando ves las necesidades de lo demás de lo que es necesario y de lo que no lo es».
Es una cuestión de justicia e igualdad que el progreso y el bienestar llegue a todas los rincones del planeta. Los voluntarios son personas que se revelan contra quienes cínicamente piensan que tienen que existir pobres para que existan ricos. No hay nada que pueda parar a millones de voces exigiendo un planeta mejor, en el cual el hambre, la falta de medicamentos y servicios de salud sean exterminados.
Llegará un día en el que el mundo y los gobiernos no podrán seguir guardando silencio mirando para otro lado, mientras dejan morir a el sudeste Asiático, África o América Latina. Cuando ese día llegue recordaremos a estos pioneros que se lanzaron a sanear este mundo.