Diario de León

Reportaje | dl

Solidaridad con el drama argentino

Abuelas de Plaza de Mayo es el nombre que desde ayer lleva una calle y una rotonda de Puente Castro, a cuya inauguración asistió Estela de Carlotto

Estela de Carlotto y el cónsul de Argentina, Roberto Gudiño, durante la inauguración de la calle.

Estela de Carlotto y el cónsul de Argentina, Roberto Gudiño, durante la inauguración de la calle.

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Quien sufriera en 1977 el asesinato de su hija Laura y quien aún hoy sigue sin saber el paradero del nieto que nació durante su secuestro, Guido, asistió ayer en León al acto de inauguración de una calle y una rotonda con el nombre de la asociación de afectadas que encabeza.

Estela Barles de Carlotto (Buenos Aires, 1930), conocida como Estela Carlotto, acudió ayer a la inauguración de una calle y una plaza de Puente Castro, que a partir de ayer, ha sido designada con el nombre de Abuelas de la Plaza de Mayo.

Estela lamnetó que los «genocidas» y «depredadores» que sostuvieron la dictadura militar argentina y ejecutaron los crímenes no hablen, no se confiesen y no se arrepientan de ello y que, al contrario, los reivindiquen y prometan «volver a cometerlos si fuera necesario».

A pesar de esta negativa a reconocer las más de 30.000 muertes, lo que ayudaría a esclarecer sus causas y encontrar a los cuerpos desaparecidos, la presidenta valoró la ayuda recibida por los sucesivos gobiernos constitucionales argentinos desde hace casi tres décadas, reforzada bajo el mandato de los dos últimos presidentes: Néstor Carlos Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner.

«La verdad, la justicia, los lugares de memoria en cada centro clandestino de detención, la recordación y la honra a las víctimas, el apoyo a los nietos que estamos encontrando, que son huérfanos de esa dictadura, es agenda del Gobierno de forma permanente», destacó la actual presidenta de la organización.

Carlotto insistió en la necesidad de investigar sobre los crímenes de este periodo de la historia argentina, pues «la ley de la verdad es necesaria» para terminar con el error de «vivir ocultando» una historia que hay que «hablar», «descubrir» y «contar con víctimas y con victimarios».

Ésta es la «única forma de asegurar que estos actos de barbarie no se repitan», y con esta actitud actuó el juez Baltasar Garzón al intentar incriminar a los «responsables del genocidio» en Argentina, relató la abuela argentina.

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