El valor de Castaño rinde a El Parque
El torero leonés cortó tres orejas en una tarde entregada y salió a hombros junto a Ambel Posada en el festejo de otoño a beneficio de la Asociación Contra el Cáncer

Javier Castaño, que estuvo valiente y no ahorró en riesgos, convenció de nuevo a la afición leonesa.
Sólo el valor y la entrega de Javier Castaño calentaron ayer los ánimos de los pocos aficionados que desafiaron una tarde desapacible para cumplir su cita con los toros y con la solidaridad. El diestro leonés derrochó torería e hizo todo cuanto estuvo en su mano para exprimir el lote que le tocó en suerte del encierro enviado por la ganadería del Marqués de Quintanar, que resultó en general flojo y no presentó mayores complicaciones. Destacó el lidiado en sexto lugar, que no fue aprovechado en toda su dimensión por Ambel Posada, que se presentaba en León. Consiguió sin embargo las dos orejas, que le permitieron acompañar por la puerta grande a Castaño. A pie se fue Eugenio de Mora, al fallar estrepitosamente con el descabello en el segundo de su lote.
Castaño ya presentó en el recibimiento al primero de su lote los argumentos que le mantienen en la lucha por hacerse un hueco en el escalafón. Sentado en el estribo, inició la faena de muleta de rodillas y arrancó las primeras ovaciones. La decisión del torero de Cistierna acabó por convencer al flojo oponente, y culminó el trasteo con tandas tanto con la derecha como por naturales que conectaron con fuerza con los tendidos. Especialmente destacados los pases de pecho. Una entrega que le abrió la puerta grande tras despachar al astado de una certera estocada que fulminó al toro.
Arriesgó también mucho el diestro local en el segundo de su lote, el de más peso del encierro, que peleó bien en varas. Si en su primer trasteo el entusiasmo del público y la repercusión de la faena fue de menos a más, en esta segunda actuación le costó más que el respetable jaleara un esfuerzo indudable. Anduvo Castaño donde más a gusto se encuentra, en cercanías, metido entre los pitones y sin escatimar entrega ni riesgo ante el público de su tierra. Tras un pinchazo, una estocada tendida y un golpe de verduguillo paseó la oreja del toro, tercera en su esportón.
En buena compañía . A hombros le acompañó por la puerta grande Ambel Posada, que sustituyó a la rejoneadora Noelia Mota. La actuación de la joven y prometedora rejoneadora había despertado gran expectativa, y su percance hace una semana restó sin duda espectadores ayer en El Parque. Tampoco respondió Ambel Posada a la oportunidad que se le dio con la sustitución. Brindó el último toro de la tarde al picador de su cuadrilla Francisco Martín (padre), que se despedía ayer de los ruedos. Y pudo dedicárselo a lo grande, con el mejor toro sin duda del encierro. Un astado con recorrido, que humillaba y seguía los engaños con nobleza en especial por el pitón derecho. No anduvo a la altura el diestro de Badajoz, que trasteó sin acoplarse y dejó escapar un gran toro. Entonó su actuación en las dos últimas tandas y recetó una certera estocada arriba, y el público reclamó el doble trofeo.
En su primero, un bonito colorado que seguía obediente la muleta y tenía recorrido y clase, no llegó a conectar con los tendidos. Dos pinchazos antes de la estocada final dejaron el premio en unos cariñosos aplausos.
Por su parte Eugenio de Mora anduvo apurado y profesional con el primero del encierro. Pasó el trago con oficio y paseó una oreja después de dejar una efectiva estocada. El que salió en cuarto lugar hizo concebir esperanzas al público, tras pelear bien en varas. Sin embargo, midió continuamente el albero de la plaza del Parque, lo que restó interés al trasteo. Mal lidiado, se tumbó ya en banderillas y pasó en el suelo buena parte del intento de faena. Hubo pitos para el toro en el arrastre y también para el torero.