VIDAS DESPUÉS DEL CÁNCER (y VII)
«Ser viuda y tener una hija me dio la fuerza»

Encarna asegura que día a día se lo pasa «pipa» paseando o participando en actividades asociativas.
Esta mujer nacida en Riaño, pero berciana de corazón, cierra la serie Vidas después del cáncer , un conjunto de historias a las que une la lucha por vivir. Pero lo más relevante de todo es que, uno a uno, han verificado que hoy la realidad del cáncer da muchos más motivos para la esperanza que para lo contrario. «81 años cumplo en marzo y hace 20 me dieron tres meses de vida», dice con vigor Encarna Pablos Vidal. Desde luego, un error supino. Sobre todo para quien lo escuchó, que fue su única hija. «A mí no me lo quisieron decir, pero si hago caso a los médicos la palmo». Desde el primer momento les dijo que se habían equivocado. Y así tres veces.
Encarna comenzó a tener las primeras molestias en el vientre y no dejó pasar el tiempo. Un mes de junio era intervenida para retirar una tumoración en el útero. Le tocaba revisión en el mes de agosto y el doctor decidió volver a intervenir para retirarle totalmente este órgano. Pero en aquella operación se confirmó que los tumores procedían originalmente del colon, por lo que tuvieron que intervenir también en el intestino. «En un mes había cogido un volumen como una mujer embarazada, aquello no era normal». Fue cuando el equipo médico se reunió con su única hija y le anunció aquello de «a su madre le quedan tres meses de vida». No le dijo ni una palabra. «Yo sólo sé que el médico me dijo: usted salga a pasear y pasear. El primer año tuve las revisiones cada tres meses, pero el segundo año pillé la maleta y yo creo que me quedó por visitar solo Rusia». Un día se encontró con papeles en casa que no le cuadraban y vio el diagnóstico. Por supuesto, habían pasado más de tres meses. Años, incluso. «Recuerdo que le dije al médico: llevo catorce años que me he querido morir por la mañana, por la tarde y por la noche, así que ahora sólo quiero salvarme». Esos catorce años eran los que habían pasado desde la repentina muerte de su marido.
Cinco años después de superar las primeras intervenciones y estar a punto de recibir el alta médica, en 1996, Encarna notó un bulto en su pecho. «Cogí el trole y al Hospital. Entré en Urgencias y lo primero que les dije fue que había sido enferma oncológica. ¿Sabes lo que me dijeron? Que volviera en septiembre, que mi médico estaba de vacaciones. Ahí me planté por la impotencia que sentí y les dije que de allí no me iba hasta que no me atendiesen». Tuvo que imponerse, pero hizo bien porque a los pocos días ya había realizado todas las pruebas para una nueva intervención. «Ese empuje, esa fuerza, me lo ha dado ser viuda y tener una hija que sacar adelante, estoy segura». «Aquello -agrega mientras choca sus puños cerrados- me dio a mí fuerza en la vida porque, desde entonces, no se me pone nadie ni nada por delante».
Encarna arrastra secuelas, más que de las intervenciones, de los tratamientos. Pero nada que no se pueda llevar con paciencia. Lo de pasear se lo toma muy en serio y lo hace cada día, por la mañana y por la tarde. Y lo de viajar, no digamos. «Cogí maleta en ristre y, ya te digo, en estos años me he ido a Italia, Praga, Alemania... Y en el día a día me lo paso pipa. «Como me dijeron que iba a vivir tres meses...», afirma con retranca. Ese día a día lo ocupa también participando en actividades asociativas de amas de casa y con lo que le pongan por delante. «La cosa es no acoquinarse. Como te dé por meterte en casa... Hay que hacerse de una asociación o participar en algo». Encarna, fumadora hasta hace cuatro años, no echa la culpa al tabaco de sus males. «Te viene porque te toca; cada uno nace con un destino. Mi padre fumó como un carretero toda la vida y se murió de mayor. De verdad que nunca le he echado la culpa a nada, si acaso a mi naturaleza. Tampoco se la he echado a los médicos, y eso que siempre les dije que se habían equivocado conmigo». Encarna, en cuanto tiene ocasión, siempre le dice a otros enfermos: «No tengas miedo. Tú, mírame a mí, que me dieron tres meses de vida». «De lo único que estoy segura es de que ya no me van a salir dientes ni acné».