Ana Muñiz y Juan Diego Morala | serigrafía, impresión y rotulación. «gráficas que arte»
«La mayor dificultad fue dar con un local asequible»
Querían un trabajo a su medida y, tres años después, tienen tres personas más en plantilla. Juan Diego Morala y Ana Muñiz no conocen otro escenario económic

Ana Muñiz y Juan Diego Morala en la oficina de su empresa de impresión, rótulos y serigrafía.
Tenían la formación, la idea, un poco de experiencia, algunos ahorros y mucha determinación para convertirse en emprendedores o, lo que es lo mismo, «crear un puesto de trabajo a nuestra medida». Les faltaba un local, un plan de empresa que fijara los horizontes y los límites de su actividad y financiación suficiente para llevarlo a cabo.
Juan Diego Morala y Ana Muñiz se conocieron estudiando diseño gráfico y tras realizar algunos trabajos para empresas de publicidad, como subcontratistas, se decidieron por el diseño y la producción en las ramas de impresión, serigrafía y rotulación.
Lo primero que hicieron fue buscar un local. Y se dieron cuenta de que la tarea no era nada fácil. «Son muy caros y hay mucha gente a la que le da igual tenerlos vacíos. Los había viejísimos, ruinosos o muy caros y nadie te dice el precio de verdad», lamentan.
Al final encontraron uno a su medida económica y a las necesidades de la imprenta rápida que pusieron en marcha, bajo la fórmula jurídica de comunidad de bienes, en la calle Babia, a los pies de la Catedral pero fuera del área centro comercial.
Después se pusieron manos a la obra con los trámites burocráticos. «No es difícil, pero es pesado y hay que tener mucho cuidado. Si en el momento en que te das de alta no estás en el paro, ya vas a tener problemas a la hora de que te concedan subvenciones», recalca la pareja.
Recurrieron a todas las instituciones que prestan ayuda para emprendedores. En el Ildefe «nos guiaron para hacer el plan de empresa», en el Ecyl consiguieron la subvención más importante por nuevo yacimiento de empleo y por creación de un puesto de trabajo femenino (Red Mujer Empleo) y en la Oficina Única de la Cámara de Comercio tramitaron todas las solicitudes. «Te hacen incluso las escrituras», subrayan. Pero todo ésto que, así escrito, puede parecer fácil les llevó al menos casi ocho meses hasta que abrieron el local cara al público.
«También pedimos un crédito porque con las ayudas no puedes contar para empezar. Te llegan a toro pasado. La más rápida fue la de Red Mujer Empleo, que se resolvió en cuatro meses, pero la del Ecyl, que era la más importante tardó casi año y medio», explican.
Inicialmente pensaban dedicarse más al diseño, pero pronto vieron que donde más hueco de mercado tenían era en la producción. Hoy sus chapas personalizadas, el producto más popular, se venden en toda España a través de la web de la empresa, que se ha convertido en una singular «comercial» virtual.
Decoración de escaparates y coches, rótulos de papel, lonas, tampografía y serigrafía textil, tarjetas de visita, dípticos cartón pluma... Productos con demanda para los que el universo Gutemberg se ha tenido que adaptar con nuevas máquinas de impresión digital, plóter (máquina que se utiliza con la computadora e imprime en forma líneal) y tecnología de serigrafía textil. En tres años, han pasado de sus dos autoempleos a transformarse en una empresa con cinco personas en plantilla, la pareja y tres empleados. Han alquilado un nuevo local para el área de producción, ante la imposibilidad de encontrar uno que se adaptase a sus necesidades y están en proceso de transición hacia una sociedad limitada.
«No nos vamos a hacer ricos pero estamos trabajando cinco personas, aunque la realidad es que no somos empresarios vocacionales. Ahora hace falta que pase esta mala época porque nosotros empezamos con la crisis y no sabemos por dónde podemos ir si todo se normaliza», comenta Ana Muñiz, aunque Juan Diego Morala no es muy optimista al respecto. «Esos tiempos no volverán», sentencia.
Lo cierto es que en su caso, en su empresa, «salen los números». No estaba en sus previsiones crecer, «pero el negocio nos ha ido dando pautas». En esta fase de crecimiento han recurrido de nuevo a las instituciones especializadas.
En este caso, la Agencia de Desarrollo de Castilla y León (ADE) les ha proporcionado todo el asesoramiento para cambiar la fórmula jurídica de la empresa y acceder a las ayudas por la creación de empleos.
Las ventajas que más destacan de su elección son la «flexibilidad y que es muy gratificante ver que salen bien las cosas que haces», subrayan. «Flexibilidad relativa», matiza Juan Diego Morala, puesto que los encargos y los plazos «hay que cumplirlos».
Ni ganan más ni trabajan menos. Por lo demás, «no ganamos más ni trabajamos menos» que en el trabajo por cuenta ajena. Él no es partidario de dar consejos: «Cada uno se tiene que pegar con lo suyo, para bien, o para mal». Ella cree que cualquier emprendedor o emprendedora tiene que tener clara una cosa: «Que lo que va a ofrecer hace falta», destacan. A ellos en el Ildefe les decían «que lo teníamos demasiado claro».
Ana y Juan Diego son, además, pareja sentimental. Pronto serán mamá y papá. Algo que también tienen muy claro es que trabajan para vivir y no lo contrario, como les ocurre a muchas personas que trabajan por su cuenta. Especialmente ella que es hija de ganaderos y estaba cansada de ver a su padre y a su madre «trabajar como mulas».
Así que en estos dos años y medio de andadura cara al público no han renunciado al descanso ni a las vacaciones. «Para mantener la salud mental y física hay que descansar», subraya Ana Muñiz.