SEMANA SANTA | EL OJO DEL PAPÓN
Comienza la Semana...
«Estoy muy agradecida», afirma Manuela, la presa indultada a petición del Perdón

Manuela M. S. con el auto que reconoce su indulto frente a la Catedral de León.
Es probable que a estas alturas de la Cuaresma ya nadie dude que la Semana Santa está a las puertas. Durante más de un mes, conciertos, exposiciones, recitales, teatro, presentaciones de libros y todo un cúmulo de actos algunos de los cuales hace muy poco tiempo eran impensables en nuestra ciudad, llevan preparando los días más grandes del calendario leonés. Y semejantes esfuerzos organizativos se llevan a cabo a pesar del escaso o nulo interés que cada año demuestran autoridades y medios de comunicación por acusar recibo. Parece como si se quisiera vivir dando la espalda a la Semana Santa. Y eso que este año tan cerca están las elecciones que actos y procesiones se verán sorprendidos por más políticos que nunca. Se volverán a escuchar promesas de museos imposibles y de promociones exteriores que nunca existen. No importa. Los papones leoneses están acostumbrados. Vayamos a lo que interesa.
Comienzan diez días que debemos sentir apasionadamente. Dejémonos llevar por los cinco sentidos. Al fin y al cabo -ya lo sentenció Fray Carlos en su pregón- la Semana Santa se convierte en un itinerario de los sentidos. León sabe hablar con el silencio, cantar con las lágrimas y no excluye a nadie. Saboréenla a raudales. Pasa demasiado rápido.
Si ustedes quieren, vuelvo a estar dispuesto a llevarles de la mano por esta nueva Semana Mayor -más tardía que nunca- que, por esas curiosidades del destino se convertirá en la mejor de su vida. Siempre la última es la mejor, no lo duden. El afán de superación de cofradías y hermandades, su trabajo callado, sus esfuerzos generosos es comparable a la perfecta organización social y laboral de las hormigas. Cuentan, además, con un factor a su favor: el tiempo. Y es que quinientos años ya contemplan el devenir de cofradías y cofrades en este León tan deseoso de labores que le aporten riqueza. Y de esfuerzos colectivos.
El ojo del papón será nuevamente una especie de guía de sensaciones. Es cierto, no obstante, que destacaré los momentos y lugares que me emocionan personalmente. No es mi pretensión agotar las sugerencias. En la Semana Santa cada quien tiene sus momentos, sus rincones, sus lugares, sus raseos, sus recuerdos, sus olores de tal manera registrados, que cada cual tiene su especial ojo del papón. Así debe ser. Como todo lo grande, esta celebración puede personalizarse de tal forma que cada quien vivirá «su» especial semana. Y llevará a los suyos a que la saboreen. La Semana Santa, única que dura diez días, se hace a gusto del consumidor. Cabe, por tanto, todo. Desde esa mujeruca que se santigua al paso de un Cristo doliente hasta el estudioso etnólogo que está convencido que esta celebración no es otra cosa que la trasposición al presente de ancestrales ritos catárquicos relacionados con el equinoccio de primavera. Es cierto, no obstante, que para disfrutar sanamente, debemos despojarnos de convencionalismos. Si se sorprende por verse verdaderamente emocionado ante cualquier manifestación, no se preocupe. A muchos nos pasa. Al fin y al cabo, la Semana está repleta de amor y lágrimas. Si los capillos hablaran-¦
Lo dicho. Estoy dispuesto a llevarles de la mano. Olvídense del tiempo, de los coches, de las prisas. León puede ser, en Semana Santa más que nunca, la bella desconocida. Si lo desean, podemos atajar juntos.