Al partir, un beso y una flor
El 29% de los fallecidos en el área de la capital solicitan que sus restos mortales sean incinerados, a medio camino entre el cambio de cultura y el ahorro de costes.

Imagen de archivo de una de las zonas del cementerio de Puente Castro en León.
Casi uno de cada tres fallecidos en León solicita que sus restos mortales sean incinerados, según los datos de que disponen los profesionales del sector. A pesar de que por cuestiones inherentes a la propia actividad se pudiera pensar que la crisis no está afectando a los tanatorios, la realidad es bien diferente.
«Estamos hablando de un 29% de incineraciones actualmente», explica Manuel Mejías, gerente de Serfunle. «No es una cuestión de modas sino una creciente costumbre cultural. Por una parte está lo práctico que es evitarse tener que construir una sepultura, mantenerla y demás y luego por otro lado están las últimas voluntades de aquellos que quieren que sus cenizas sean esparcidas en el mar, en un monte al que acudía muy a menudo, en su coto de caza favorito o en un campo de golf».
«No hay ahora mismo un aumento o un descenso del número de fallecidos en el área de la capital en la que nosotros trabajamos, porque estadísticamente puedes tener un año muy alto o muy bajo pero se corrige en los cuatro siguientes, por poner un ejemplo. La media sigue siendo la media, pero hay momentos en los que se registran grandes picos. Octubre, por ejemplo, ha sido un mes tremendamente bajo en fallecimientos y no hace falta buscar ninguna fórmula matemática extraña. Igual que los nacimientos dependen mucho de la luna, los fallecimientos están muy relacionados con las condiciones de la climatología y el calor que ha hecho este mes ayuda a que la gente que está en malas condiciones aguante un poco más».
Julio, agosto y octubre han sido meses en los que la mortalidad ha descendido de forma notable en el área de acción de la capital. «Son simplemente cuestiones de las temperaturas y de las condiciones del tiempo, pero eso se equilibra por sí mismo», insiste Mejías. «A veces la familia aprovecha el panteón en el que tenían a otro difunto enterrado y utilizan el mismo espacio pero sólo necesitan dejar el recipiente con las cenizas y se ahorran todo lo demás. No hay tantos casos de gente que se lleva la cenizas del fallecido a su casa como se pudiera pensar».
León por el momento está en pañales en materia cibernética. Las empresas que trabajan en la red se dedican a este ámbito en dos sentidos. Por una parte están las que trabajan para hacer desaparecer todo rastro del muerto en Internet, eliminando sus cuentas de correo o sus apariciones en las redes sociales y por otra son incipientes las firmas que diseñan páginas web en las que familiares y amigos dejan constancia de sus sentimientos hacia la persona que emprendió el camino al otro mundo. Por ahora, las provincias van en un segundo nivel, como suele pasar siempre en estos casos. León no escapa a esa dinámica y hasta ahora, se trata de un sector experimental.