Una tramitación obligatoria que debe cumplir cualquiera
Las variaciones más significativas del proyecto, que consiguió la licencia de obras en el 2000, se efectuaron como respuesta a las reivindicaciones iniciadas en el 2008 por el colectivo de trabajadores del centro, que exigía contar con una aparcamiento en superficie que no les obligara a pagar en el subterráneo. La Junta atendió las reivindicaciones a medias con la promesa de que se haría una reserva de plazas en superficie. Una decisión que no se transformó en la petición de los permisos municipales necesarios, sino que se hizo por cuenta propia y sin ajustarse a la normativa.
Este modo de comportamiento se trasladó al resto de modificaciones que se llevaron a cabo en las instalaciones. Libre albedrío que ha hecho que, a la hora de la solicitud de licencia de primera utilización, los técnicos municipales no hayan recibido la documentación requerida, ni de modo correcto. Unas premisas que se cumplen de manera escrupulosa con los particulares, gracias al servicio de asesoramiento municipal que informa de los requisitos necesarios y gestiona los permisos con diligencia. Profesionalidad que también cumplen los arquitectos encargados de la supervisión urbanística, quienes se han encontrado con los desajustes y advertido todo lo que se debe corregir.