Un año sin tren en El Crucero
La vida del populoso barrio ferroviario no ha cambiado demasiado tras doce meses sin circulación .

jesús/NORberto
Parece que no ha pasado el tiempo. Y es que la vida en el barrio del Crucero y la Vega sigue igual, con sus cosas buenas y sus problemas de siempre. Lo único que ha desaparecido en los últimos 365 días es el histórico paso ferroviario, una reivindicación histórica que llenó cientos de páginas en los periódicos de León, pero cuyo fin no ha servido para impulsar el oeste de la ciudad.
«Lo único que ha cambiado es que los coches ya no tienen que parar, pero nada más», señala uno de los comerciantes de la avenida Doctor Fléming. Hasta el pasado 18 de marzo de 2011, hacían cola a la puerta de su establecimiento cuando bajaban las barreras del tren.
El resto no ha cambiado. Los comercios que han cerrado a un lado y otro de las vías como consecuencia de la crisis siguen cerrados, y los que resisten de toda la vida lo hacen como siempre, a base de fidelidad a sus clientes y apretándose el cinturón todo lo que pueden.
De aquel 18 de marzo pasado quedan las fotos de los políticos, que algunos guardan por el paso de la Mikado como el último convoy que pisó unas vías que marcaron el progreso de León, pero que terminaron siendo todo un problema, al partir la ciudad en dos. Hoy en Yotube se puede ver aquellas imágenes en color, lejos del blanco y negro de las protestas de los vecinos y las colas de los coches. Ni siquiera la Wikipedia, la enciclopedia de Internet, ha dado la noticia de la supresión del ferrocarril hace un año. Todavía dice que «será suprimido en 2011».
Los vecinos pisaron las vías casi 150 años. El tren llegó a León en 1863 y continuó hacia Astorga y Ponferrada en 1865.
El Crucero, pero sobre todo la Sal, sueña también con el desarrollo del palacio de congresos, en frente de la zona de la Sal.
La crisis económica se llevó por delante el sueño de que todo el Oeste de León creciera gracias a la construcción de cientos de viviendas en la zona de la antigua azucarera y en los terrenos liberados por Renfe.
Pero la imagen es la misma. Las casas de siempre, los viejos inmuebles, las mismas ruinas.
Nada ha cambiado y todo puede cambiar. El mural pintado tras el cierre de las vías está a la espera de ser derribado. Ahora para soterrar las vías.