Una pirámide que se basaba en la confianza que ofrecía Mari
La relación de confianza bastaba para los captados en la trama, que se fiaron en todo momento de la palabra de esta empleada de la Caja. Las sospechas del negocio de Mari comenzaron hace un año y medio cuando empezó a dar una excusa tras otra para explicar el destino y el rendimiento de los fondos que sus clientes habían aportado a lo largo de la última década. Fue un empleado de la propia Caja quien detectó movimientos extraños y lo comunicó a la dirección.
Tras saltar a los medios de comunicación, la propia entidad elaboró un informe que entregó en los juzgados y que sirvió para abrir la investigación. En él, la Caja apuntaba directamente a María Consolación como principal responsable, en la que se ofrecían rentabilidades muy altas con respecto a lo que eran otros productos de la propia Caja. Con 6.000 euros podían llegar a sacar de intereses 1.500 en dos meses.
La presunta estafadora llevaba diez años, en algún caso, con un negocio que, en realidad, era un castillo de naipes. Los intereses se iban pagando en función de que entraran nuevos socios y más dinero, hasta que llegó un momento en que ya no pudo hacer frente a las deudas.