Mascotas de dominio público
Junto con los hámster que han provocado la plaga de ratas de Quevedo proliferan en los parques animales abandonados como patos, pollos, cobayas y peces.

Las carpas abundan en el parque del Chantre.
Cuando la novedad de la mascota pasa a ser una molestia que no se quiere asumir, los parques de la ciudad se convierten en un zoológico doméstico. Un lugar ideal en el que se abandonan los animales sin mayor preocupación. Un entorno al que las especies se adaptan con soltura, como ha sucedido en el parque de Quevedo, donde hoy se reabrirán las puertas después de cuatro días de cierre por la desratización a la que ha obligado la plaga de ratas de campo que, cruzadas con hámster, se habían convertido en un problema ciudadano. Una costumbre que ha llenado las zonas verdes de la ciudad de roedores, de patos que se adquirierieron como regalo para el niño, de pollitos de colores que perdieron el tinte y la gracia que animó su compra, y de pequeños peces coloreados que, tras una temporada en los estanques de las áreas de recreo público, se convierten en carpas que navegan a sus anchas.
En la lista de especies que son abandonadas en los espacios públicos resaltan los roedores. No sólo los hámster que se han detectado en Quevedo, sino también ratones de los que se usan en los experimentos de laboratorio, que fueron los que motivaron la desratización de hace dos años en el parque, y cobayas. Animales que aparecen en la oferta de cualquier tienda de mascotas y que cuentan con ciclos reproductivos que, a poco que se unan con la fauna existente, ocasionan una expansión poblacional peligrosa; más si cabe por su papel como vector de contagio de enfermedades.
Menos numerosa pero notoria se presenta la colonia de aves. Patos y pollos que foeron abandonados en su día en los parques de Quevedo y La Candamia y que, después de ser sangrados por los servicios veterinarios, se les anilla para entrar en el censo poblacional de control. Una colonia que se nutre incluso con las anátidas que entran en los parques provenientes de la isla que hay en el centro del Bernesga, entre los puentes de San Marcos y el Área 17.
Los estanques, además del río Bernesga, son el otro espacio en el que se acumulan las mascotas que ya molestan en casa. Pequeños peces que crecen hasta convertirse en carpas de color rojo y anarajando como las que se pueden observar a poco que uno se fije en Quevedo y La Candamia, pero también en el parque del Chantre, junto a El Corte Inglés. Anfibios entre los que incluso se cuentan vecinos curiosos como los cangrejos americanos que se han encontrado en la zona verde de La Chantría o el barbo que, de un día para otro y sin que los ciudadores sepan quién lo depositó, nada con autoridad por el agua estancada de Quevedo, donde los niños le han bautizado como «tiburón».