Transeúntes e inmigrantes acaparan la asistencia en San Francisco de la Vega
Cada barrio tiene sus necesidades. La proximidad a las estaciones de autobuses y de ferrocarril convierten al barrio El Crucero en una zona de paso para los viajeros. La mayoría de las personas que recurren a esta parroquia en busca de ayuda son inmigrantes o transeúntes que necesitan dinero para comprar el billete.
Treinta familias reciben alimentos de esta parroquia, catorce de ellas inmigrantes, el perfil que más aumenta en el barrio. «No sabemos por qué los vecinos de León no vienen», asegura la coordinadora de las ocho personas voluntarias de Cáritas, Berta Nistal. «Hemos ido por las tiendas y por los comercio animando a las familias a que se acerquen por la parroquia si necesitan ayuda, pero no vienen, seguramente por vergüenza».
Cada parroquia organiza la asistencia según las necesidades del vecindario. En San Francisco de la Vega se reparte comida a las mujeres que van a clases de alfabetización. Para superar los recelos ante la reticencia de recibir una limosna, las familias que reciben alimentos ayudan en la limpieza de la iglesia cada quince días.
La parroquia acaba de abrir un ropero, donde reparten prendas y juguetes a los niños una vez al mes, y la próxima semana inaugurarán la ludoteca, cerrada durante varios años.
Los alimentos donados por Cáritas se acabaron en febrero, por lo que es necesario recurrir a la colecta de las misas, una recaudación que destina a este programa una media de 500 euros al mes, que se utilizan para alimentar a las familias necesitadas. «Hemos notado que la gente aumenta sus donativos, pero hay que tener en cuenta que este fue un barrio obrero y ahora vive mucha gente mayor».