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León

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Llamar por al paciente por su nombre antes de entrar al quirófano para evitar equivocaciones, contar con guías clínicas o usar la lista de chequeo quirúrgico de la OMS son algunos de los 23 programas que ha diseñado la Consejería de Sanidad para reducir los efectos adversos del uso de la sanidad.

Además de quién hace qué y con qué medios importa el «cómo», la cuestión a la que intenta responder el Plan en gestión de la calidad y seguridad del paciente que hoy ha detallado en rueda de prensa el consejero de Sanidad, Antonio Sáez.

Se trata de diez programas para mejorar la calidad de la gestión y la práctica clínica y trece en seguridad del paciente que articulan un plan diseñado para mejorar la calidad del servicio de salud y contribuir a su sostenibilidad e incluso evitar costes, ya que «la no calidad» supone un coste de 1.200 millones al año al Sistema Nacional de Salud, en torno a un 5,5 por ciento, unos 66 millones en Castilla y León.

Importan los procedimientos, cómo se hacen las cosas, es decir cómo se realizan los 35 millones de consultas anuales de Sacyl, las más de 250.000 intervenciones quirúrgicas, los 2,2 millones de pruebas de imagen o la manera de prescribir los 50 millones de recetas o las dosis de medicación que conllevan, «mil millones de dosis de medicamentos al año en Castilla y León».

Muchos de los procedimientos son sencillos, tanto, según ha detallado Sáez, como llamar por su nombre al paciente antes de entrar al quirófano, lo que ya sucede en algunos hospitales pero que debe «sistematizarse»; o evitar caídas o la seguridad de los efectos personales de los pacientes.

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El 8,4 por ciento de los pacientes hospitalizados sufren efectos adversos, con un 43 por ciento que serían evitables; y la prevalencia de estos efectos adversos en Atención Primaria es del 1,1%.