Sor María, de Valderrueda ¿al cielo?
La muerte de la monja leonesa aboca al archivo a dos casos de bebés robados en los fue imputada . El 18 de enero había alegado motivos de salud para no comparecer ante el juzgado nº 50 de Madrid.

Purificación Betegón, una de las madres denunciantes, tras comparecer ayer con su abogado. A la izquierda, sor María Gómez Valbuena cuando acudió a declarar al juzgado en abril del 2012.
Después de 87 años, sor María Gómez Valbuena, la monja leonesa imputada en tres casos de bebés robados, murió en Madrid el 22 de enero y fue enterrada al día siguiente, según la escueta versión dada por la congregación de la que formó parte durante casi 70 años.
Las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul la aislaron del mundo desde que saltó a la opinión pública su implicación en el caso de los bebés. La fiscalía la denunció por detención ilegal y el juzgado de instrucción número 47 de Madrid fue el primero en imputarla.
Pero nunca llegó a declarar. La primera vez que acudió a los juzgados se acogió al derecho a no declarar y también la segunda. Después de abril del 2012, no ha comparecido ante el juez en dos ocasiones, en el mes de octubre y el pasado 18 de enero.
«La religiosa María Gómez Valbuena, conocida como sor María, ha alegado hoy «motivos de salud» para no comparecer ante el juez como imputada tras la denuncia presentada por Purificación Betegón por la presunta desaparición de dos mellizas que alumbró en la Clínica de Santa Cristina en 1981», informaba un anónimo el foro de Valderrueda, donde se ha seguido con mucho interés el caso.
«El abogado de la denunciante, Alipio Barbero, ha explicado a los periodistas que el letrado de la religiosa ha presentado hoy un escrito y ha aportado un informe médico, alegando «una insuficiencia cardiaca» para no comparecer en el Juzgado de Instrucción número 50 que investiga el caso», agrega.
La insuficiencia cardíaca alegada por su abogado defensor es la única enfermedad que se le conoce. Sor María cumpliría 88 años el próximo 8 de abril. Hacía tres veranos que no acudía, en contra de su costumbre desde que salió para dedicarse a la vida religiosa en los años después de la Guerra Civil.
El mutismo la ha acompañado hasta la muerte, a cuya noticia no daban crédito en un primer momento muchas personas afectadas y no afectadas por los casos de bebés robados. La monja se lleva a la tumba los secretos de su papel en la presunta trama de los niños robados.
Y aboca al archivo de al menos dos de las causas, en las que era la única imputada. Son las denuncias presentadas por María Luisa Torres y Purificación Betegón por el presunto robo de sus hijas. Ambas dieron a luz en la clínica Santa Cristina de Madrid en 1982 y 1981, respectivamente.
El fiscal superior de Madrid, Manuel Moix, matizó ayer a Efe que sólo si la investigación determinara que pueda haber más personas imputadas «se podría seguir adelante».
María Luisa Torres declaró que había rezado para que la religiosa no se muriera. Ahora tiene la esperanza de que aparezcan las personas que colaboraron con la religiosa porque «detrás de Sor María había mucha gente». Para esta mujer, que llegó a mantener un cara a cara con la monja con cámara oculta para un programa de televisión, sor María «murió matando» ya que había pedido una repetición de las pruebas de ADN de ella y de su hija. Purificación Betegón dijo a la agencia Efe: «Espero que Dios la perdone, porque yo no la podré perdonar, pero tampoco le deseaba la muerte».
El abogado de la asociación SOS Bebés Robados, Guillermo Peña, admitió que tendrán que replantear la estrategia porque «la responsabilidad penal se extingue con la muerte». No ocurre lo mismo con la responsabilidad civil.
María Luisa Torres quiere ir a visitarla al cementerio y mucha gente se pregunta si sor María estará en el cielo.