El Bernesga vuelve a ponerse al límite agitado por las lluvias y el lecho sucio
El río corre al borde del nivel de alerta por la ciudad, azuzado por la vegetación.

El Bernesga, ayer a su entrada al tramo que cruza la ciudad; el lecho, cargado de vegetación, se queda pequeño para el río.
Las lluvias primaverales, el deshielo sobrevenido en la cabecera del río, ha vuelto a desenterrar el peligro del lecho del Bernesga. La selva que da línea al cauce fluvial a su paso por la ciudad agita de forma notoria las aguas, que salpican las riberas, cada vez menos urbanas de este tramo. A medio camino de la crecida registrada en enero, el cordón que rodea el paso fluvial sufre de nuevo la taquicardia que arrastra la riada, frenada por los arbustos que las dos administraciones a las que compete la gestión rehusaron someter a una poda. La crecida que sobrevino en la ciudad desde la noche de jueves santo riega la polémica que dejó en pie la vegetación.
La poda selectiva se realizó sobre elementos vegetales de porte menor a tres años; quedaron las especies arbóreas que retienen el paso del agua. Tampoco se reformó al azud de San Marcos, que la confederación del Duero entiende necesario para evitar que el agua salga agitada de la balsa que crea la retención artificial sobre el puente. Por ese flanco, el cauce del Bernesga comienza a vomitar agua fuera de madre; el aforo del río por la ciudad entró hace poco más de un día en límites peligrosos. En torno a los niveles que marcan el nivel mínimo para declarar la alarma (setenta metros cúbicos por segundo, más del triple del cauce que arrastra el Bernesga en las áreas de cabecera).
El nivel es descendente gracias a la tregua que concedieron ayer las lluvias. Pero se esperan problemas más gruesos a partir de este domingo, cuando un nuevo frente agitará el ya desatado lecho del río capitalino. En esa secuencia se espera que rebose de nuevo el río, que hace más de medio año debió de recibir un drenaje y una limpieza a fondo de la vegetación, luego descartada por falta de dinero.