Diario de León

DEL PASEO DE SALAMANCA A LA CASONA | MI ILUSTRE VECINO | MANUEL LÓPEZ BECKER. ESCULTOR

«El río fue una barrera para el paseo de Salamanca, pero ya no»

Al otro lado del Bernesga . Becker es uno de esos apellidos de León de toda la vida, y Manuel López Becker uno de esos leoneses afables, al que muchos conocen por su obra escultórica. Artista de Semana Santa, lleva 14 años viviendo en el Paseo de Salamanca.

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manuel c. cachafeiro | león
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«De siempre me gustó modelar y tallar. Desde niño pasé largos ratos en el taller de mi amigo Amado Fernández, siempre mirando y siempre preguntando, siempre aprendiendo. Empecé con piezas pequeñas, me presenté a algunos concursos juveniles de escultura..., pero fue en 1991 cuando ejecuté mi primera obra grande, Nuestro Padre Jesús de la Humillación y Paciencia. Luego se sucedieron muchos más trabajos, aunque los más conocidos son obras para la Semana Santa».

Así se presenta Manuel López Becker, escultor y vecino del paseo de Salamanca. Desde su casa, en la novena planta, se ve toda la ciudad. Ése León que él ha vivido y vive con pasión cofrade.

Aunque ya tenía el piso de antes, llegó al Residencial Salamanca hace 14 años, después de casarse. «Buscaba un piso alto, con luz, en una zona tranquila, y aquí lo encontré. Cuando me asomo a la ventana veo todo León», explica.

Manuel López Becker es todo bondad. Empezando por su bigote, que no se puede decir que sea un bigote más. De sus vecinos del Residencial Salamanca -uno de los edificios de León con más inquilinos, sin duda- destaca la sencillez, la amabilidad... El Polígono 58, la continuidad del barrio de Pinilla aguas arriba del puente de San Marcos, es una zona que se construyó a finales de los 80, que se ve que es tranquila, lejos ya de polémicas como la nave de Farto. «El río sí fue una barrera en su día, pero desde la construcción de los puentes y pasarelas, creo que se mejoró de gran manera las comunicaciones con el centro», dice Becker.

Su vida diaria transcurre entre su casa y un pequeño estudio en los bajos de La Casona de Pinilla. «Para alguien que haga escultura el sitio es muy importante: el espacio, la luz... pero también la economía. Amo la Semana Santa y por lo tanto las viejas rúas de León, pero tener estudio en el centro es mucho más caro que en un barrio; por eso me fui a buscar una zona tranquila y económica».

El recorrido, de apenas 500 metros, refleja a la perfección esa vida sosegada de este escultor de grandes obras religiosas y pequeñas piezas, no sólo pasionales. «Da igual esculpir un Cristo que un Quijote; lo importante es que sea un Cristo y un Quijote», añade.

Y así empieza, en el bar debajo de su casa, que se llama como la calle: Truchillas. Luis lleva 23 años en el barrio, más que Manuel. Allí toma café antes de atravesar la avenida San Ignacio de Loyola para comprar tabaco en el estanco Buenavista. Y al lado del estudio, un poco más allá, están otro Manuel, donde se corta el pelo, y José Luis, donde arregla el calzado. Todos se conocen desde hace muchos años.

Manuel López Becker tiene una amplia lista de obras. Entre otras, el Santísimo Cristo de las Cinco Llagas, el Cristo Flagelado, Nuestro Señor Jesús de la Salud, María Santísima de la Soledad, el Cristo del Desenclavo, el Paso de Misterio de la Condena de Cristo, La Dolorosa de San Andrés, el Nazareno de Villadangos, el primer cuerpo del trono del San Juan, el resucitado de San Andrés, el legionario romano de la Salud, El Crucificado de la Vega...

«Nací en Eras, más o menos donde está la salida del parking de San Marcos, y allí viví con mis padres hasta que se trasladaron al barrio de Santa Marina, y posteriormente en San Mamés; también viví en Rodríguez del Valle y en Modesto Lafuente, antes de trasladarme al Polígono 58». Sin duda, un leonés de esos de toda la vida.

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