Julia Rodríguez
«primero el cole, luego blanquito»
j.

Julia posa cariñosamente con Blanquito.
Junto a su poni de nombre Blanquito, Julia nos cuenta su temprana afición por lo ecuestre. Por el picadero corren gatos y planean golondrinas. Ella lleva una trenza. Su amigo equino también.
—¿Cuándo empezaste?
—Tenía cinco años la primera vez que monté.
—¿Qué edad tienes?
—Diez años.
—¿Y no te dio miedo?
—Para nada, estaba deseando aprender.
—¿Cómo fue? ¿Mamá, quiero un poni?
—No, pero ahora quiero un caballo (entre risas).
—¿Por qué la equitación y no la gimnasia rítmica?
—Una prima mía montaba en este picadero, El Recreo, y desde que la ví me apeteció imitarla.
— ¿Qué sientes cuando estás sobre Blanquito?
—Cuando te tiran lo pasas mal, me he caído solo dos veces pero no me hice daño.
—¿Lo mejor de cabalgar?
—Dominar al animal, si te descuidas no se dejan controlar. Notan rápido si tienes miedo.
—¿Compites?
—Sí, en regional, hago doma. Llevo dos concursos y ahora voy al campeonato de Castilla y León.
—¿De qué trata la doma?
—Tienes que demostrar el control que tienes sobre el caballo, conseguir llevarle redondo (con el cuello bajo), que haga las esquinas en curva y que vaya lento al galope.
—¿Qué sueles hacer un día normal en este picadero?
—Primero paseas, calientas. Luego lo montas durante una hora, practicas los reprís, que son los ejercicios que te mandan en los concursos. Luego le quito las monturas, las vendas de las cañas, el sudadero, las bajo vendas, el salvodorso. Le cambio la cabezada y le limpio, le cepillo, le hago los cascos... Todo sola. Me paso el día aquí.
—¿Cuál es la diferencia entre verano e invierno?
—En verano salimos al campo, damos paseos.
—¿Conoces a mucha gente famosa en los concursos?
—No (se ríe).
—¿Cuántas veces a la semana vienes?
—En invierno no tengo mucho tiempo y solo me puedo acercar una vez, de cuatro a nueve. En verano estoy todo el día.
—¿Os habéis hecho muy amigos tú y Blanquito?
—Sí, le digo que entre a la cuadra y me obedece. Le doy de comer y no me muerde. Nunca me ha tirado.
—¿Está castrado?
—Sí, cuando están enteros son como potros y se revuelven, te tiran.
— ¿Qué le das de comer?
—Le saco a pastar yerba, come pan y aquí le dan pienso.
—¿Su comida preferida?
—Las zanahorias, las manzanas y los azucarillos. Los pongo y la mano y luego no deja de chuparla, casi me muerde.
—¿Sacas buenas notas?
—Sí, el colegio es lo primero.
Guillermo otero
leonalsol@diariodeleon.es