MAÑANA
«era UN DRAMA VOLVER AL COLEGIO; contaba los días»
Cuando Jaime Lobo se sumerge en los recuerdos estivales de su infancia, las imágenes que evocan son profundos retratos de los primeros años de la posguerra española. «En aquel tiempo nos sorprendía cualquier cosa que saliese de lo común: un coche grande, una pelota, una toalla, no había de nada. Hoy la gente lo tiene todo y no le dan el mismo valor». El que fuera concejal en el Ayuntamiento de León, diputado provincial, senador, subdelegado del Gobierno en Ciudad Real, delagado del Gobierno en Castilla-La Mancha y jefe del Servicio de Cultura de la Junta en León, rememora con cariño los veranos de su infancia.
«Contábamos los días en negativo. Nos parecía un drama volver al colegio, eso no ha cambiado respecto a los niños de ahora», bromea.
Muchos veranos los pasó en León con sus padres y hermanos, intentándose zafar del tremendo calor. Junto a sus cómplices de correrías infantiles buscaba lugares para el baño a lo largo de la ribera del Bernesga. «Íbamos al Soto Garrido o al puerto para refescarnos. Para soportar el calor teníamos en casa un botijo. No había nevera, la primera que tuvimos era una especie de armario en donde se metía hielo».
Otro lugar que frecuentaba era Gandario, cerca de Sada, La Coruña. En su bahía jugaba entre las rocas en busca de caracoles y conchas, «esas cosas que entretienen a los niños». Recuerda la impresión que le causaban los muchachos de un campamento cercano y cómo en un pueblo limítrofe los universitarios bajaban contentos, alegres, cantando a la playa. Los veraneantes y los nativos de Sada se enfrentaban en partidos de fútbol. «Siempre ganaban los lugareños», rememora.
Algunos de sus recuerdos se retrotraen a 1943 y 1944, en plena Segunda Guerra Mundial. Cuando veraneaba en Puebla del Caramiñal, en la Ría de Arousa (Galicia) un crucero alemán se refugió en la ría del ataque de los buques o submarinos ingleses. «La tripulación desembarcó regalando caramelos y muñecas». En Puebla del Caramiñal decansaba con sus padres y, más tarde, con su mujer e hijos, momentos que recuerda como los mejores veranos de su vida. Tal es su amor por esa tierra que en ocho días regresará para recrearse con los suyos.
De adulto, Jaime no abandonaba España excepto por compromisos políticos. «Eran años duros, no se viajaba al extranjero».
GUILLERMO OTERO leonalsol@diariodeleon.es