MAÑANA
«nadaba de playa en playa para ver a las chicas»
Los veranos infantiles del aventurero Rafael Lomana transcurrieron en Celorio desde el día uno de vida. Su madre le dio a luz en Santander y en la siguiente jornada ya estaba en la casa de veraneo en esta población asturiana. Eran vacaciones familiares, especialmente porque las pasaba junto a su padre, del que, por motivos laborales, no podía disfrutar el resto del año. De niño iba al embarcadero a pescar. «Recuerdo que muchas veces tirábamos la caña y cuando queríamos darnos cuenta la marea estaba baja y lo único que sacábamos era arena».
Como todos los niños, hacía gamberradas con sus amigos. Saltaban los prados para robar manzanas y luego tenían que escapar de los perros subíendose a los árboles. Después de desayunar en el porche, bajaba a la playa donde jugaba con las palas y con las tablas tipo paipo.
En su juventud más temprana iba a las verbenas. Rememora los primeros bailes agarrado a las chicas, su primer beso. Cuando se emperraba con alguna niña era capaz de grandes proezas. «Era muy bravo, iba nadando de una playa a otra para ver a las chicas». Iba de Celorio a Borizo e incluso a Troenzo, poblaciones asturianas cercanas.
El verano encendía sus hormonas y agudizaba el ingenio para conseguir visitar a sus romances. Confiesa que llegó a robar la Vespino a su hermano e incluso fue en bici o en autostop a visitarlas.
Con el tiempo, por motivos de trabajo, empezó a veranear en León capital.
De aquellos años no olvida las noches en las terrazas del Húmedo junto a la Catedral, con sus amigos, cenando en los magníficos restaurantes, rodeados de turistas. También pasaba mucho tiempo en las instalaciones deportivas del Ayuntamiento.
Además solía hacer rutas con su bicicleta Cruiser con su buen amigo Román, recorriendo los rincones de la ciudad y haciendo placetas en los parques. Especialmente en el de Eras de Renueva, donde se comían un helado y comentaban las jugadas del día. «Qué buenos tiempos».
guillermo otero
leonalsol@diariodeleon.es