El Bernesga, la vida en la orilla
Pescadores, piragüistas, corredores de fondo, domingueros, paseantes de perros, jugadores de bolos o de petanca... La ribera urbana del Bernesga da para mucho..

EL FOTÓGRAFO. Miguel Sánchez estaba haciendo fotos de la presa. Con el buen tiempo suele venir por el río en busca de inspiración. Si tiene un poco de paciencia, tomará imágenes sorprendentes.
Asley (7 años) y Jénnifer (21) son sobrina y tía. Pasean por el Bernesga cada vez que pueden. Buscan el frescor y dar una vuelta. Por las mañanas la bolera y el recinto para la petanca están desiertos. Estos juegos centenarios siguen vivos en los márgenes del Bernesga. El último reducto de una afición cada día más envejecida.
Lectores, parejas de jóvenes enamorados, grupos de amigos riendo en el césped, meriendas, familias, niños jugando, pescadores, corredores, dueños con sus perros, ciclistas, jugadores de bolos y petanca, paseantes, piragüístas, artistas... La vida en el entorno urbano del río Bernesga es asombrosamente activa. Cientos de leoneses acuden cada día a esta parte de la ciudad para disfrutar de un espacio verde. Aunque no por ello bien cuidado.
Algunos de ellos esgrimen ciertas quejas. A la mayoría le gustaría que el agua estuviese más limpia y que los botellones no ensuciasen tanto. Además reclaman el desbroce de la ribera. Pero todos ellos han encontrado su lugar en el Bernesga.
Eso sí, ninguno se atreve a bañarse en el agua.
No es casualidad que prácticamente todos los asentamientos, rurales o urbanos, estén al lado de un cauce. Sólo hay que acercarse a la ribera para que uno se percate de que donde hay agua hay vida, y actividad.
El uso que se le ha dado al río ha cambiado con el tiempo. Hace varias décadas sus aguas eran pieza angular de la vida, la gente iba a lavar la ropa, a bañarse en verano, a pasear o coger cangrejos.
El crecimiento, la industrialización y el éxodo rural limitó su uso como lugar para hacer desaparecer los desperdicios y donde desaguar la contaminación. Hoy en día cada vez se reclama más este entorno como espacio de ocio y descanso. En sus orillas se realizan numerosas actividades; pocos se escapan del magnetismo del río.
Paz, naturaleza. Los urbanitas buscan desconectar del asfalto y del hormigón. La vida cotidiana cada día es más sedentaria. Oficinas, cadenas de montaje están al orden día. Después del coche, al sofá. El cuerpo se resiente y necesita ejercicio. Salir a correr o en bicicleta está al alcance de cualquiera. El río es la solución.
guillermo otero
leonalsol@diariodeleon.es