MAÑANA
«Los veranos eran para morirse de sueño»
El secretario general de la organización agraria Asaja primero se mostraba reticente en compartir sus veranos. «Es que hasta que me fui de luna de miel, y tenía ya 30 años, no me fui de viaje», se disculpa el secretario.
El pueblo natal de Turrado es Pinilla de la Valdería, donde vivió toda su vida. Al ser hijo de agricultores y ganaderos de la provincia de León, el tiempo en verano se dedicaba casi exclusivamente a ayudar en los labores familiares. El trabajo duraba todo el día. «Pero en esto no es que yo sea una excepción. Todos los chicos del pueblo ayudábamos a nuestros padres desde pequeños», explica José Antonio. Turrado estudió primero en La Bañeza y luego en León. Los largos meses de invierno los pasaba lejos de su casa.
Así que, incluso cuando el verano es la época con más trabajo en el campo, Turrado esperaba ansiosamente el fin de curso, porque significaba descansar de la rutina dura de todo el año. En verano en su pueblo siempre había más gente y se creaba un buen ambiente, con fiestas y verbenas. En el bar del pueblo se montaban todas las noches un salón de baile. «A lo mejor otros lo pasaban mejor, pero no puedo quejarme, porque nosotros nos hacíamos tiempo para todo», afirma Turrado.
A pesar de que él mismo confiesa no tener veranos especiales, tiene un recuerdo particular guardado en la recámara. «Me viene a la mente, porque ahora mi hijo tiene esa edad, el verano en el que ya tenía el carné de la moto, alrededor de los 16 años. Fue un momento de inflexión, de libertad para salir y moverme alrededor de los pueblos de la comarca, sin problema. Sobre todo para ir a las fiestas», rememora Turrado.
«En realidad, para nosotros los veranos eran una forma de morirte de sueño, porque intentabas compatibilizar el trabajo de todo el día con la diversión. Pero a esa edad se podía con todo, incluso los del pueblo ligábamos más que los que venían de fuera. Aprovechábamos todo lo que podíamos», termina entre risas Turrado.
francisca bravo
leonalsol@diariodeleon.es