MAÑANA
«Recuerdo de mi infancia que no veraneaba»
El poeta y ensayista berciano Juan Carlos Mestre desnuda su infancia para los lectores de León al sol.
«Recuerdo de mi infancia que no veraneaba», comenta el escritor con cierta ironía. Asegura que pasaba los meses del estío en su localidad natal, Villafranca del Bierzo, pues su padre nunca tuvo vacaciones, trabajó toda su vida sin un mes de descanso. «Los años transcurrían sin otro horizonte que el trabajo y la necesidad». Aún así, los veranos para Mestre también eran baños en los ríos, reuniones familiares y fiestas populares, «que significaban una pequeña pausa en el esfuerzo por la sobrevivencia».
Junto a sus amigos, los chicos de su vecindario, jugaba a hacer procesiones, a la billarda y a los teatritos. Divertimentos que describe como «fugas hacia un territorio que se intuía como algo más mágico y entrañable que la disciplinante conducta del colegio, el horror de los curas y las monjas».
Para él las vacaciones comenzaban cuando florecían las mimosas y los girasoles, y terminaban cuando concluían las fiestas de septiembre en la villa del Burbia. Asegura que su verano infantil no tenía rutina, aunque por la mañanas solía ayudar a su padre en la panadería y con en el reparto del pan.
Las tardes «eran el momento para otros descubrimientos». Los nidos de los pájaros, la fascinación por las estrellas al llegar la noche y los caminos hacia el bosque donde «siempre silbaba el misterioso misterio» eran parte de su imaginario infantil. Recuerda con agrado la fraternidad con los amigos, la solidaridad, la creciente conciencia ideológica sobre las cosas y del mundo, así como los momentos con sus padres y abuelos.
Apunta que una de las actividades de la que más disfrutó fue formar parte del grupo de teatro aficionado del pueblo, con el que interpretó obras como Escuadra hacia la muerte, de Alfonso Sastre, o Un enemigo del pueblo, de Henrik Ibsen. «Sin duda, mi mejor recuerdo y también la certeza de un pensamiento que sigue siendo hoy una verdad radicalmente válida y que enunció ya Lorca es que un pueblo que no quiere y cuida su teatro, si no está muerto, está moribundo».
GUILLERMO OTERO
leonalsol@diariodeleon.es