«en león la gente está relajada, feliz; no es así francia»
El nieto del entrañable actor Pepe Isbert e hijo de la reconocida actriz María Isbert, nació en 1953 en Los Barrios de Luna. Es escritor, empresario, guionista, actor, productor, crítico de cine y vinicultor. En las distancias cortas es intenso, utopista, romántico e idealista. Aunque reside en Cannes desde hace años, tiene una estrecha relación con la tierra que le vio nacer. León al sol ha aprovechado sus vacaciones en Rosas, Gerona, para conocerle mejor.
José S. Isbert tiene 60 años y una amplia carrera artística a sus espaldas. Literatura, cine, televisión son algunos de sus campos preferidos. Además da charlas filosóficas, de masonería y humanismo en Francia. Estará en la Costa Azul, descansando con su familia, hasta el 30 de septiembre, que regresará a Cannes, su actual hogar.
—¿Cuál es su relación con León?
—Nací en Barrios de Luna porque mi padre era alemán y hablaba muchos idiomas. Era el traductor de los ingenieros que trabajaron en la construcción del pantano. Luego fui a Madrid siguiendo a la madre que me parió.
—¿Y en la actualidad?
—Es mi tierra y tengo muchos amigos. Cualquier ocasión que tengo para colaborar con ella no la desperdicio. Mi última novela juvenil, El maravilloso viaje de Sila hasta el fin del mundo , se la pasaré a editoriales de León y Valladolid para que salga bajo un sello de Castilla y León. Podría hacerlo con Madrid o Barcelona, pero si puedo hacerlo con mi tierra lo hago.
—¿Por eso su pasión por los Templarios?
—Lo idea de Los Guardianes del Temple nace con Paco Temprano, uno de los directores de Radio Televisión Castilla y León. Me interesaba muchísimo escribir una serie sobre los templarios. Tras varias reuniones salió el compromiso de escribir 13 capitulos de 50 minutos. Ya está lista para sentencia, ahora necesitamos productores que pongan perras. Es el problema de España.
—¿Sus proyectos actuales?
—Como guionista tengo las Entrevistas imposibles. Unos sketch de humor para televisión. Hay dos pilotos, a Juana la Loca y a Tarzán de los monos. En seis minutos dos periodistas resucitarán a personajes históricos como Cristóbal Colón, Confucio, Napoleón, Marilyn Monroe, Conde Drácula, al hombre lobo o a una ladilla brava del rey inglés Enrique VIIII contando su vida amorosa. Hay 14 capitulos ya escritos. Un humor muy desquiciado y fácil de comprender para la mayoría. Se van a presentar en septiembre, tengo ya distribuidor para Hispanoamérica. Se lo ha presentado a las cadenas españolas que dicen que hasta 2014 no hay fondos. Además en octubre se estrena en Palma El Cura y el Veneno , película en la que soy actor protagonista.
—¿Volverá como crítico de cine?
— Estuve unos meses para la web de Canal CYL y dos años para El Mundo. Quizás este otoño me reenganche. Es muy divertido.
— ¿Por qué siempre sus libros tienen finales felices? —Todos, los doce que llevo. Porque dejar a uno de mis lectores con mal sabor de boca después de haberse tragado un mamotreto de 400 u 800 páginas, como que no. —¿ Y el trasfondo moral?
— Yo ya he pasado los 50 años y pienso que los que somos menos jovencitos tenemos el deber de transmitir unos valores esenciales. Es un deber, no es una opción. —¿Qué valores quiere hacer llegar a lo jóvenes?
—Que hay soluciones para todo, lo que hace falta es valor. Les aconsejo pocas cosas y sencillas. Primero, ganas de trabajar. Segundo, fe en uno mismo y en lo que haces, aunque te equivoques. Luego, ilusión e entusiasmo, dejarse las tripas. Por último, otra opinión es que hay que tener coraje para resistir y enfrentarte a los garrulos que te encontrarás en el camino y que harán todo lo posible para que te caigas.
—¿Qué piensa del periodismo?
—Al igual que el mío, es el mundo del arte.
—¿Por qué protagonistas heroicos?
—La vida es así, lo que mamas en la teta de tu madre luego te lo encuentras. Veraneaba siempre en Castilla-La Mancha, la tierra de mi madre, y la figura del Quijote me ha impresionado mucho. Esos héroes que van luchando en la vida contra las adversidades y que nada les cambia. No se rompen nunca. A mí me gusta utilizar personajes que sean sólidos y que sean utopistas. La utopía de hoy es la realidad del mañana, te das cuenta cuando miras un poco la historia de los últimos 2.000 años.
—¿Por eso con 22 años se fue a Cannes con una maleta y un juego de cacerolas?
— Efectivamente, y con un par de huevos. Empecé haciendo churros en la calle y ahora vivo en ese mismo barrio. Aún voy a comer a los restaurantes en lo que yo fregaba los platos cuando llegué. — ¿ Y como empresario?
— Yo hice la carrera de Derecho en España y luego hice la de Turismo. Trabajé seis años para Viajes Melia, de lo que ahora sólo quedan los hoteles. Hace 29 monté Reshotel Spitzer. Es una agencia de viajes que trae a Francia turistas de todo el mundo hispánico. Se dedica a reservar hoteles, restaurantes, guías o entradas para clientes extranjeros. Es lo que me da de comer.
—¿Y sus viñas de La Mancha?
—Le he ido comprando tierras a mi madre, hermanos y primos. Hace 20 años traje cepas de Cabernet Sauvignon y tempranillo. Esta año ya tiene label ecocológico, en dos semanas o tres estaremos vendimiando.
—¿Su método para escribir? — Muy fácil. Después de trabajar, por las noches, cuando hay paz en el domicilio, me siento en mi despachito tres o cuatro horas y dejo que mi mente vuele. Lo jodido es que cuando empiezas a hacer un libro dices, voy a hacer una novela que tenga 400 páginas. Escribes el esqueleto, la trama general en cuatro o cinco páginas. Luego te pones a redactar y los personajes se te escapan de las manos, tienen vida propia. La última novela iba a ser de 450 páginas y terminó siendo de 1.200 páginas. Tuve que recortarla en 890. —¿Cómo recorta?
—Es un arte, se aprende como todo en la vida. Alguien de la agencia Efe leyó en La Nación de Argentina un relato breve y quería publicarlo. Cuando se lo pasé me dijeron que tenía que ser tres páginas como máximo y tenía doce. Ahí aprendí a sintetizar. Sufrí mucho porque no tenía un buen método. Ahora marco lo esencial con un típex amarillo y lo demás lo borro. Al final es muy divertido. Tengo un cuento para niños con tres versiones , El último vuelo del pelícano , de 70, 35 y 12 páginas.
—Es actor, guionista... ¿Para caundo director?
—En las entrevistas imposibles estoy cooirigiendo, a nivel artístico, a los actores. Y en noviembre empezamos a rodar una pelicyla en la que también me voy a ocupar de la dirección artística. —¿La vacación polifacética proviene de haberse criado entre artistas?
—Lo llevo en los cromosomas, son cuatro generaciones.
—¿Los momentos que marcaron su trayectoria?
—Unos cuantos. El primero fue trabajando con mi madre, Marisol y Papa Flores en Un rayo de luz , en 1960. Fue la primera vez que puse los pies en un plató, y además con unas actrices de esa calidad, me marcó. Otro gran momento fue con Miguel Picazo, en los años 70, viendo rodar Rinconete y Cortadillo . Por supuesto ver a mi abuelo, Pepe Isbert, rodar escenas de El cochecillo y El verdugo , que eran para mearse. Y es que él, en la vida, era así. También ver a Buñuel rodando con mi madre la película Viridiana, que ganó el festival de Cannes en el 72. Otra cosa que marcó mi vida fue el servicio militar. No me importó servir a mi país, podría haberme escaqueado porque estaba en Francia, pero entendí que tenía que hacerlo como los demás. Conocí todo tipo de gente.
—¿Alguna anécdota de su madre?
—Tenía que haber hecho el papel de la profesora en Bienvenido Mister Marshall y no puedo porque estaba embarazadísima de mí.
—¿Por qué terminó decantándose principalmente por la escritura?
— Cuando era chavalillo, dos de mis hermanos dibujan de puta madre. Yo también quería dibujar. Después de dar mucho la paliza a mis padres conseguí que me pusieran un profesor privado. A los diez días nos convocó a todos y dijo: «Por favor, si a su hijo le gusta la pintura, que se aleje de ella. No quiero seguir robándoles dinero, no va a aprender en su vida». Entonces me preguntó: «¿Qué te gusta hacer, a parte de dibujar?». Pues mira, escribir, le contesté. Le leí una historieta que escribía para mis amigos del cole y me dijo: «Si te gusta un arte, escribe». Muy a pesar de mí abandoné la pintura y me puse a escribir. Ya nunca paré de escribir historietas.
—Recomiende un libro y una película.
—Una película que me impresionó fue Los pájaros, de Hitchcock, y Vértigo; es una de las mejores del mundo. Un libro es tan subjetivo... A los jóvenes les sugeriría Julio Verne para descubrir el mundo. Y que luego pasen a los grandes clásicos.
—¿Qué es lo que más le gusta de León?
—León tiene una cosa que cuando se emigra se echa mucho de menos: es el calor de la gente. Cuando estuve ahí rodando Guardianes del Temple estuve por sus calles del centro y lo que noté, salta a la vista, es que la gente está feliz. Las personas se ríen, confraternizan enseguida, en las barras de los bares. Cuando vienes de un país como Francia en el que la gente está con un estrés terrible aprecias que la gente está relajada, contenta de estar donde está. Ese valor humano que en las grandes ciudades se ha perdido lo valoras cuando estás lejos. Si puedo dar un consejo: «Disfrutadla».
guillermo otero
leonalsol@diariodelon.com