Diario de León

Benigno Castro Vázquez Premio leonés en el extranjero del colegio de economistas de león

«Siempre tuve claro que primero cobra el obrero, y después cobro yo»

Gallego de nacimiento, berciano de adopción y neoyorkino por vocación. A pesar de sus más de 40 años en Estados Unidos explica con acento gallego de la Gran Manzana el dos más dos del éxito empresarial que le ha llevado a tener una veintena de empresas y más de 600 empleados.

El empresario Benigno Castro, ayer en su casa de Ponferrada.

El empresario Benigno Castro, ayer en su casa de Ponferrada.

María Jesús Muñiz Prieto
León

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Benigno Castro Vázquez (La Cañiza, Pontevedra, 1947) dejó su Galicia natal con 14 años porque desde Lisboa era más fácil embarcar rumbo a América. Le costó dos años de trastear por la capital portuguesa el conseguir un pasaje al sueño americano. Y seis meses de trabajos en una granja que criaba 40.000 pollos en 1963 obtener los papeles que le abrieron el paso al trabajo en Nueva York. Pasó por la construcción pero no vio futuro. «si la cosa no iba bien, buscaba otra». Y desembarcó en el negocio de «unos amigos» que aún lo son (como amigos define a todos los que se han cruzado en su vida) que regentaban el restaurante El Faro en Nueva York. Cinco años de trabajo como cocinero que le dieron las dos claves sobre las que asentaría una vida de éxito, familia y compromiso: trabajo y cocina.

Llegó a tener 13 restaurantes en la ciudad de los rascacielos, de los que conserva cuatro; pero su olfato le ha llevado mucho más allá de los fogones. Hasta los pozos de petróleo de Louisiana. «Daban buen rendimiento, pero los vendí. Estaban lejos, no podía atenderlos». Ha llegado a mantener a 600 familias con los sueldos que pagaban sus empresas en Estados Unidos. Y sigue en la brecha, porque frente al propósito de «vivir más tranquilo» están las necesidades de sus empresas y la curiosidad y el compromiso inagotable de quien considera que «hay trabajos que no te cansan. Estar en contacto con la gente, dar ideas, ver cómo podemos hacer algo. Por España, por Estados Unidos, por el país que sea. Siempre que te sientas a una mesa surgen ideas». Cada vez más a menudo desde la Peña de Congosto, en El Bierzo.

Homenaje

Benigno Castro Vázquez recibe hoy el Premio Leonés en el Extranjero, que con carácter bianual concede el Colegio de Economistas de León. Un homenaje dentro del Día del Economista que contará con sorprendentes asistencias, porque este gallego-berciano universal discreto y humilde tiene rendidos seguidores que no van a perderse en León lo que han disfrutado y saboreado con él en la Gran Manzana.

Porque Castro ha agasajado en sus restaurantes de Nueva York a personalidades de las que no le gusta presumir, y que sólo confiesa con sacacorchos. «Llevé a unos tunos del Bierzo, y estuvieron cantando para Bill y Hillary Clinton. Les invitaron a probar el botillo en León». Y tantas gentes. Estrellas de aquí y de allá, «Aznar, cuando era presidente»; o Plácido Domingo, un amigo que les invitó a él y a «su señora» a viajar en su jet a México para cantar el cumpleaños feliz al Rey Juan Carlos. «No fuimos, no sabía si…».

Hoy mantiene cuatro de los catorce restaurantes que, todos con nombres españoles, llegó a gestionar en las congestionadas calles de Nueva York. El Mesón Madrid, grande, que da 3.000 comidas a la semana, y que abrió en la calle 14 en 1969; el Segovia Steakhouse, dedicado al bistec; el Segovia «más antiguo»; y el Sevilla, «muy recomendable para todo español que vaya allí, está en la calle 46, donde hay 50 restaurantes».

Promoción leonesa

Desde ellos mantiene una promoción constante de los productos españoles y leoneses. «He llevado miles de botellas de vino del Bierzo, y también realizado catas de botillo. Tuve que hacerlo yo, porque allí nadie sabía. Para eso había sido cinco años cocinero...»

Es la parte más popular de su negocio. Y a la que ha dedicado más ilusión. «Abría uno, si no me daba el rendimiento esperado, lo vendía y probaba con otro». Así ha sido su vida empresarial, «siempre con ayuda de mi señora», nacida en Los Barrios de Salas. «Lo mío era tener 20 empresas, y seguir con mis obreros. Ahora mi señora me dice que ya está bien, que pare, pero siempre he trabajado mucho y siempre me ha gustado, crear empresa a empresa, restaurante a restaurante».

Y con él, siempre sus «obreros». «Siendo una persona honesta parece que la gente se anima a trabajar contigo, aunque les pagues menos que otros. Eso te da mucho ánimo». Sus prioridades en este sentido están claras: «Ahora los empresarios tenemos que trabajar duro, yo tuve mucha suerte con tanto trabajo, pero también he tenido claro que si tenía 10 millones no gastaba cinco en un chalé. Eso para mi no vale. Primero es el obrero, y después cobro yo».

La fórmula de su éxito empresarial es también sencilla y clara: «Trabajar duro y tratar de ahorrar. No se puede gastar lo que no se tiene. Y a los hijos tampoco hay que darles todo, deben valorar las cosas. Yo salí muy pequeño de casa, con 14 años, y en Estados Unidos ganaba 70 dólares a la semana. Enviaba a mi madre 50 y me quedaba con 20, porque cómo podía ella si no dar de comer y luego de cenar a ocho hermanos. Y ahora con dos hijos ya estamos cansados...»

De hecho su trabajo como empresario ha tenido siempre un fuerte compromiso social. «Hemos repartido comidas benéficas, como la paella para 3.000 personas, con la que recaudamos 60.000 dólares para el cáncer, por ejemplo».

Empezar de nuevo

Benigno Castro no sólo no está cansado, sino que se apuntaría a empezar de nuevo. «Me gustaría volver a nacer, y empezar de nuevo, pero sabiendo un poco más. Hacer mejor las cosas que no salieron del todo bien». Aunque asegura que ahora las nuevas tandas de emigrantes lo tienen más difícil. Él se fue sin nada, ni siquiera hablaba inglés. «Pero había más libertad, ahora no la hay. La emigración ha cambiado muchísimo, está difícil en todas partes pero antes en Estados Unidos no te miraban tanto. Yo he hecho los papeles para residentes a muchos españoles, ahora ni siquiera te dejan abrir un negocio».

Él, de momento, no deja los suyos. «Pensaba dedicarme a vivir un poco mejor, pero hace tres meses murió mi socio en CSI Chemical Specifics, una empresa de análisis de aguas y especializada en aire acondicionado que ha trabajado en el Madison Square Garden y que ahora tiene el contrato de limpieza y purificado de aire de la zona cero de las torres gemelas. La empresa tiene un centenar trabajadores, no puedo cerrarla y decirles que se busquen otra cosa. Antes era un inversor, ahora tengo que seguir con ella».

Está también Iberia, que desde 1971 se dedica a las señalizaciones, tiene 60 trabajadores y factura unos 30 millones de dólares anuales.

Cuando se le pregunta por el futuro se felicita porque «todo va muy bien, tengo salud, estoy contento». Y pasa más tiempo en León, porque sus hijos le ayudan en el negocio familiar en Nueva York. «He trabajado mucho, y no puedes convertirte en un adicto al trabajo. Todo tiene su límite, pero no me cuesta hacerlo. Si una empresa de cien obreros depende de mi tengo que seguir. Pero no tengo que hacerlo yo todo...»

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