Diario de León

David Arias Obispo emérito de la Archidiócesis de Newark (New jersey)

«La Iglesia se ha quedado atrás en usar los medios al servicio del mensaje de Cristo»

Los escándalos financieros y los casos de pederastia, «magnificados por los medios de comunicación», han convertido a la Iglesia en víctima de los errores de una minoría, con un tremendo coste para su imagen pública. Sin embargo, «es la institución que más respeta a los homosexuales», y su labor, silenciada, «podría tapar muchas bocas si se conociera»

Monseñor Arias, en su despacho en Villaviciosa de la Ribera.

Monseñor Arias, en su despacho en Villaviciosa de la Ribera.

Publicado por
maría j. muñiz | villaviciosa de la ribera
León

Creado:

Actualizado:

«La Iglesia es la institución que más cerca está de las necesidades de las personas», aunque su labor, incluso económica, es en su mayor parte desconocida o silenciada. En parte porque no ha sabido aprovechar el potencial de los medios de comunicación para proclamar su mensaje. Sí lo han hecho grupos contrarios a ella, que han «magnificado» los escándalos protagonizados por una minoría para dañar la imagen de toda la institución. Son algunas de las reflexiones de David Arias, obispo auxiliar emérito de la Archidiócesis de Newark, en New Jersey. Allí ha desarrollado su labor durante 30 años este leonés nacido en Mataluenga en 1929, que lleva 50 años en Estados Unidos ocupándose fundamentalmente de los problemas de los hispanos y que cada año toma fuerzas en la casa familiar de Villaviciosa de la Ribera.

—Benedicto XVI tuvo como una de las cruces de su pontificado los escándalos en la Iglesia, muchos de ellos en Estados Unidos. ¿Cómo se ha vivido allí esta situación?

—La Iglesia está formada por personas, con sus debilidades. En el Vaticano quizá ha habido gente que ha abusado de su posición, por ejemplo con las finanzas, pero ha sido una minoría. Las organizaciones católicas manejan un dinero y es lógico que intenten obtener intereses, pero no puede invertirse con criterios que algunos financieros consideran habituales. Si se pone en organizadores explotadoras o que persiguen otros fines, ya no es legítimo. Quizá hubo operaciones indebidas o arriesgadas pero se reduce a un círculo muy pequeño de personas.

—¿Cómo han perjudicado a la Iglesia escándalos como los casos de pederastia?

—Mucho, pero también es verdad que se han amplificado en los medios. En Estados Unidos hay 50.000 sacerdotes, y más del 99% cumplen con su misión. Puede haber alguno que vaya en contra, y ellos son los responsables ante Dios, ante la Iglesia y ante la sociedad. Siempre en la historia de la institución ha habido gente imperfecta o traidora, pero la repetición constante de estos casos en los medios ha creado la impresión de que en Estados Unidos todos los sacerdotes están bajo sospecha. Eso es injusto para la mayoría, la Iglesia es la primera que lo condena. Y también toma sus medidas, aunque ha veces ha fracasado. Las primeras víctimas son los menores, pero también lo son la Iglesia, y los católicos. Pero es cierto que la imagen se ha deteriorado mucho, sobre todo entre los no católicos.

—Pero los medios también tienen una función de vigilancia y denuncia contra estos casos.

—Por supuesto, pero hay medios hostiles con la Iglesia, grupos militantes que se oponen a su labor y los usan para perjudicarla. En este punto creo que la institución se ha quedado atrás en usar todos los medios de comunicación posibles al servicio del mensaje de Cristo. En España, por ejemplo, hay millones de católicos, entre ellos empresarios y gente con influencia. ¿Por qué no pueden crear un negocio, de televisión por ejemplo, que llegue a toda la nación? No digo como un servicio religioso, ni siquiera tiene que hablar de religión, pero sí que se ajuste a los principios de la Iglesia sobre las personas, la familia, el individuo y la sociedad. Por ejemplo, excluyendo la violencia, que es un daño terrible para los niños, porque ven todos los días crímenes, matrimonios peleando, traiciones en las familias,... Hoy la tele es lo que más llega, luego quizá sea Internet, o lo que venga. Pero la Iglesia debe estar al tanto de estos avances para ofrecer una alternativa. Por ejemplo con las mujeres. La televisión las usa sólo como maniquíes, como si sólo fueran eso.

—En la Iglesia el papel de la mujer siempre ha sido controvertido.

—Esta sociedad por un lado impulsa a las mujeres y por otro las arrastra. Pero los medios también crean conciencias, y llegan a más gente que los mensajes del sacerdote el domingo en los oficios religiosos.

—La Iglesia católica está perdiendo fieles, sobre todo el mundo occidental. ¿Cuál es el reto frente a esta realidad?

—El mismo de siempre. En el siglo I el mensaje de Cristo no era conocido por nadie, y tuvo que ir sembrándose poco a poco. Pero es cierto que desde mediados del siglo XX se nota un alejamiento de los católicos y los cristianos de la Iglesia. Quizá porque se les brindan oportunidades más halagadoras cuando se piensa que la vida termina aquí. Pero si piensas que este es el comienzo, ya no sirve la filosofía de disfruta lo más que puedas. Nadie quiere morir, pero saber que hay algo después es un correctivo contra el egoísmo y la vanagloria, un aliciente para el sacrificio y el amor. Sin embargo, cuando quitas a Dios de la sociedad la vida se hace insoportable. Cuando tienes el alma deshecha no sirven de nada tantas comodidades.

—Se debate sobre si existe en infierno, sobre si había animales en el Portal de Belén,... ¿No se distrae a menudo el mensaje?

—Si no tomamos el mensaje de Cristo como base de la discusión todo queda fuera de juego. Entonces no hay razón alguna para convencer a nadie. ¿Por qué va a imponerme otro sus formas de pensar? De ahí vienen las tragedias. Cuando quitas a Dios de la sociedad se vuelven unos contra otros.

—¿Se adapta la Iglesia a los cambios de la sociedad, van al mismo paso?

—En las cuestiones que no afectan al mensaje de Cristo va cambiando, naturalmente. Por ejemplo tiene que utilizar los medios disponibles en cada momento para propagar su mensaje, para el bien de los demás y para el progreso de la humanidad.

—En cuestiones como la homosexualidad, ¿debería también adaptarse, como hace la sociedad?

—La Iglesia respeta a los homosexuales si nacieron así. Es la institución que más les ayuda, aunque pueda parecer que no. Que no admita ciertas formas de vida es cosa muy diferente, tampoco aprueba conductas de otro tipo. Pero el respeto a la persona y su dignidad es una máxima de la Iglesia. En Nueva York, por ejemplo, hay un hogar que atienden las hermanas de la madre Teresa que acogen a homosexuales con sida que están en el final de su vida. Les ha rechazado su familia, los hospitales públicos,... Nadie se acerca a ellos. Pero ellas les atienden hasta el final, por convicción cristiana, por su fe. Y el propio Papa Francisco lo ha dicho: «No soy yo quién para juzgar».

—¿Considera que las actuaciones de la Iglesia están suficientemente cerca de las necesidades y las incertidumbres de la sociedad de hoy?

—Creo que es la institución en el mundo que más sintoniza con los problemas de las personas. No hay otra. En España, por ejemplo, hay más de 5.000 centros educativos católicos o concertados, que gastan menos de la mitad que los públicos y tienen una calidad tan buena o mejor. Y hay 200 centros hospitalarios y más de 4.000 centros asistenciales para otros colectivos. Sin embargo no se dice nada de esto. Si los ciudadanos tuvieran que pagar con sus impuestos todos estos servicios el presupuesto nacional quebraría. En Estados Unidos igual, sólo nuestra parroquia ahorra un millón de dólares al año al Estado, pero eso se toma como algo normal. Y es parte de nuestro trabajo, pero está ahí, aunque la Iglesia nunca lo publica. Y podría callar muchas bocas.

—Usted ha dedicado buena parte de su labor al colectivo hispano, ¿tienen un sentimiento de mayor cercanía con el nuevo Papa?

—Es una ilusión y un orgullo para los hispanos, ha caído muy bien su forma de actuar y de relacionarse con la gente. Es un punto más en favor de la labor que está haciendo la Iglesia. Y el descenso del número de católicos en estos países habrá sido una de las causas que el Colegio de Cardenales tuvo en cuenta para su elección.

—¿Cuáles considera que son los retos que tiene, y qué esperan de él?

—Los retos son muchos, el primero llevar el mensaje de Cristo a todo el mundo. Y ese mensaje es hoy desafiante, supone muchas dificultades. Es un mensaje de amor, todo lo que hizo fue en este sentido, porque el egoísmo es la raíz de la mayor parte de los problemas del mundo, antes y ahora. El Papa lo ha dicho en su última encíclica, que parece que la única verdad para muchos es la tecnología, y su verdad subjetiva.

—Precisamente la tecnología debería hacer más fácil difundir este mensaje.

—Teóricamente tendría que ser mejor, pero si se usa mal, para fomentar el egoísmo, la vanidad, la soberbia,... Todo aquello en lo que el individuo necesita un control, porque el mensaje es de ascetismo, y de darse a los demás. Sin embargo, estamos alimentando el individualismo. Aplicado a las naciones, el interés sólo de un grupito de personas, la ambición,... Eso es lo que hay que controlar.

—Ustes ha escrito siete libros, seguro que ahora está trabajando en alguno más.

—Me di cuenta de que en Estados Unidos la gente no sabía nada de la presencia hispana y española allí desde el Descubrimiento. Por eso con motivo del quinto centenario, en 1992, propuse en la reunión anual de todos los obispos del país que la Iglesia tomara parte en este acontecimiento. De esa aportación he escrito sobre todo, y también he dedicado un libro a Villaviciosa de la Ribera, donde vengo en verano y también suelo hacerlo en diciembre. Ahora preparo un libro sobre el legado español en Estados Unidos, un resumen estado por estado, y son cincuenta, de todo lo que se ha aportado. Mucha gente no sabe que, por ejemplo, la bandera española ha ondeado allí más tiempo que la del país. Porque la influencia del Reino Unido ha sido allí preponderante. Mi nuevo libro será sobre la política de España en América, las exploraciones en los territorios de Estados Unidos, la evangelización del país y la civilización, con aspectos como los conjuntos urbanos, la agricultura y la ganadería. Y también la aportación española a la independencia del país, que es muy desconocida.

tracking