Diario de León

Las amenazas de los padres copan las llamadas al defensor del profesor

Aunque aún se reciben consultas, las cifras de acoso se reducen en los últimos . cursos .

Jesús Niño, defensor del profesor en Castilla y León, en la sede del centro, en Valladolid.

Jesús Niño, defensor del profesor en Castilla y León, en la sede del centro, en Valladolid.

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«Ese profesor tuyo no tiene ni idea. Que te ha suspendido, te tiene manía». Cada vez más padres se convierten en fuente de conflicto para los docentes. El acoso y las amenazas de los progenitores motivan una de cada tres llamadas al defensor del profesor de Castilla y León, que recibe consultas de las nueve provincias, aunque en mayor medida de Valladolid, cuyas llamadas representan un 30% del total.

«Si hay un problema con un alumno, a quién respalden los padres es fundamental para que se resuelva. Si secundan una amenaza de su hijo, el malestar y la convivencia en clase empeora y la inseguridad del profesor es muy grande; si la frenan el docente se siente más cómodo y respaldado», explica Jesús Niño, defensor del profesor de Castilla y León, una figura dependiente del sindicato Anpe.

Niño asegura que, cada vez en más ocasiones, los padres «trascienden los límites del docente, interrumpen en clase, discrepan de malas maneras o en lugares inadecuados de la forma de enseñar a los hijos o niegan la autoridad para poner deberes y para establecer calificaciones».

Las cifras del último curso constatan que en ocasiones van un paso más allá: siete llamadas por acoso de los padres y otras seis por amenazas de estos. Más que en cualquier año anterior desde que en 2005 comenzara a funcionar este servicio.

Desautorizar al ‘profe’

El defensor del docente considera que, pese a que haya discrepancias, los progenitores «deberían comentarlas directamente con el profesor en tutoría o en privado» para no desautorizarle delante de sus hijos. «Si un alumno ve que su padre no tiene respeto a su educador, se ve legitimado para tampoco tenerlo él y no prestarle atención. Tiene sensación de impunidad».

En estos casi tres meses que va de curso, este servicio ha recibido alrededor de una decena de llamadas y ronda las 40 en todo el año. A estas hay que sumar cerca de una quincena de profesores de Castilla y León que llaman al defensor de otra comunidad para preservar con mayor seguridad su anonimato.

Desde que comenzó este año escolar en septiembre, ha atendido a dos docentes por agresiones de los alumnos.

Este tipo de incidentes, e incluso conflictos que no llegan a tanto, provocan consecuencias para la salud del docente. Afecta al sueño, al apetito y al estado de ánimo. Algunos solicitan la baja, otros se plantan. «Vemos los dos casos, quienes ven en la baja por depresión la salida para distanciarse del problema, aunque luego volver a enfrentarse a él es más traumático, y quienes dicen que no van a poder con ellos y resisten incluso aunque les afecte demasiado».

Lo que es acoso

Para considerar acoso, el defensor indica que deben darse tres supuestos: reiteración, intención de hacer daño y desequilibrio.

Cuando se produce un incidente con un alumno, existen varias medidas. El pro?fesor tiene la opción de solicitar una petición de disculpa. Después puede expulsar al alumno y también decidir si ese estudiante no debe acudir a clase durante un tiempo. Puede cambiarse al implicado de clase con otro tutor y «la medida educativa más grave» es el cambio de colegio o instituto. «No soluciona mucho pues llevas el problema a otro centro».

Respecto a instancias, la primera opción es aplicar el plan de convivencia de los centros y el reglamento interno. Después, un escrito a la inspección educativa y, si es necesario, acudir a la dirección provincial y a la Consejería, que ofrece asistencia jurídica gratuita en estos casos.

En este primer trimestre del curso 2013-2014 aún sin concluir, constatan el incremento de conflictos entre los propios docentes. «La mayoría son con el jefe de estudios y se dan al principio de curso porque hay que cuadrar muchos horarios y algunos profesores se sienten damnificados por cuestiones personales», indica Jesús Niño. «No es lo mismo entrar el lunes a primera hora y salir el viernes a última, que empezar el lunes a última y terminar el viernes a primera hora, supone casi una jornada».

Niño explica que reciben más llamadas de mujeres que de hombres, algo que atribuye a «una mayor facilidad para pedir ayuda» y constata que las edades más problemáticas corresponden a los cursos de primero y segundo de ESO, «con 13 o 14 años, en la adolescencia».

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