La mejora de la banca sigue sin trasladarse a la economía real
Mientras las autoridades económicas mundiales certifican que el proceso de reestructuración del sector financiero español está encaminado y ya no necesita más ayudas, los datos sobre la colaboración de las entidades en la remontada económica siguen dejando mucho que desear. Los bancos mantienen su esfuerzo en hacer los deberes que les impone el nuevo marco financiero y prefieren invertir las ayudas que reciben en rentables créditos a los gobiernos que comprometerse con proyectos empresariales e inversores, con el argumento de que se les presentan en realidad pocas iniciativas realmente viables.
El grifo cerrado
El caso es que pese a las señales macroeconómicas de recuperación el grifo del crédito sigue cerrado, y el endeudamiento de las familias continúa batiendo récords a la baja. Hasta niveles anteriores a la crisis.
Las familias españolas dedican la mayor parte del crédito que sostienen con las entidades financieras en deuda hipotecaria, que sigue siendo el mayor gasto que realizan los hogares. Sin embargo, se restringe al máximo el crédito al consumo, precisamente el que se considera que debe engrasar la maquinaria de recuperación económica.
En este cambio las familias también han tomado una posición, la de la prudencia. Los hogares, al menos los leoneses, han vuelto al ahorro, y los que pueden reservar parte de sus ingresos prefieren dejarlos reposar en depósitos que ponerlos en circulación a través del gasto.
Una especie de círculo vicioso que se mantiene mientras la UE asegura que no será necesario prorrogar los rescates al sistema financiero nacional y el Banco Central Europeo advierte de que no habrá más «barra libre» de dinero si no de destina directamente a reactivar la economía real.
En su último informe sobre el rescate a la banca española la Comisión Europea certifica la mejora en la situación de las entidades y lamenta la «resistencia» de muchas de ellas a conceder créditos al sector privado. Rebate el argumento de los bancos de que en realidad no hay una demanda solvente para el dinero, y critica que las entidades previeran «comprometerse en inversiones a largo plazo» y no arriesgar.
La rentabilidad de las deudas de los gobiernos tiene buena parte de responsabilidad en este proceso.