Diario de León

José Antonio Hernández García Trasplantado de pulmón

«Me pusieron dos pulmones tras once meses de espera»

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c. tapia | león
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El leonés José Antonio Hernández García vive gracias a la donación de dos pulmones de una persona de la que desconoce todo pero a la que le debe su existencia. «Tienen que ser gente buena, el hecho de que sea donante y de que su familia dijera que sí en un momento tan delicado para ellos como es el fallecimiento de un ser querido, ya me indica lo buenas personas que son, así que yo estoy muy contento. A las familias las llamo almas anónimas». Ahora José Antonio está iniciando los trámites para poner en marcha una asociación de trasplantados de pulmón en León «para asesorar y ayudar porque los pacientes y sus familias necesitan ayuda médica y psicológica».

José Antonio estrenó pulmones el 21 de junio de 2011 tras once meses de espera y nueve horas de operación. Para él ese ambiente sanitario no era desconocido. En su oficio como conductor de ambulancias de León realizó muchos traslados urgentes de órganos al aeropuerto y desplazó a muchos profesionales para realizar las intervenciones para la extracción y recepción de órganos. «Yo he vivido todo el operativo que se montaba cada vez que había un donante, aunque sólo fuera de un riñón y no te digo nada si es una donación multiorgánica, por eso cuando me dijeron que necesitaba un trasplante estaba completamente tranquilo y seguro».

Este leonés de 47 años, casado y con dos hijos, volvió a nacer después de que le detectaran en 2005 una fibrosis pulmonar ideopática, «la llaman así porque no saben de donde procede», explica. Desde que le dieron el diagnóstico hasta el día del trasplante su calidad de vida se fue deteriorando. «Empecé con una fatiga y un cansancio que no sabían qué la provocaba. Evolucionó muy rápido y la única solución era un trasplante. «Estuve once meses en lista de espera desde el 8 de julio de 2010 hasta junio de 2011. Los últimos seis meses llevaba una vida muy deteriorada y necesitaba el oxígeno las 24 horas del día. Me dieron a elegir en el Hospital al que quería ir para recibir el trasplante, pero ninguno está a menos de cuatro horas porque el trasplante de pulmón no se hace en Castilla y León. Elegí Valdecilla en Santander porque conocía a un cirujano. Me trataron muy bien. Voy cada cuatro meses a revisiones, además de las que me hago periódicamente en el servicio de Neumología del Hospital de León a cargo de la doctora Elena Bollo». Reconoce que no está al 100%, «pero no necesito oxígeno. Ando y llevo una vida medio normal».

Está incapacitado para trabajar de camarero o de conductor de ambulancias, justo los dos oficios a los que se ha dedicado durante su vida laboral. «El problema es que no te ayudan a trabajar en otra cosa en la que puedan desarrollar una actividad compatible con la enfermedad que padeces», asegura.

El equipo médico del Hospital de León lo sometió a un completo programa de fisioterapia los meses previos a la operación. «Me dijeron que tenía que ir fuerte y ganar masa muscular porque en la operación pierdes muchos kilos. Estuve un año entero en rehabilitación. Entré en el quirófano con 66 kilos y en una semana perdí 10 kilos».

El pulmón es uno de los órganos más difícil de mantener cuando se produce una donación. El Hospital de León logró 16 pulmones el año pasado, un récord del que la coordinadora de trasplantes se siente muy satisfecha. «Hemos logrado más pulmones que nunca y estamos muy satisfechos».

Pese a todo, los responsables sanitarios no son partidarios de los triunfalismos. Un 10% de las personas que están en lista de espera para recibir un órgano fallece sin que le llegue ninguno. No todos los donantes son compatibles con los posibles receptores. «Se tienen que dar unas condiciones muy concretas porque si no se puede producir el rechazo».

Los pacientes viven la espera con la incertidumbre de si llegará el donante compatible y el miedo a la intervención quirúrgica. «Ya sabemos que nos podemos morir en la mesa de operaciones o incluso después si se produce el rechazo, pero hay que mentalizarse de que la única solución es el trasplante».

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