TRADICIONES LEONESAS
La historia interminable
Cabildo y Ayuntamiento siguen sin decidir en Las Cabezadas si la ofrenda a San Isidoro es obligatoria o voluntaria.
Alcalde y munícipes hacen las famosas 'cabezadas' al cabildo de San Isidoro
En el gesto de despedida, unos y otros dieron la sensación de estar pensando por lo bajini: «¡Adiós majetes, hasta el año que viene!». Tal pareciera traducirse en la sonrisa de los representantes del Cabildo de San Isidoro y del Ayuntamiento de León, en algún término entre la ironía, la satisfacción y la gratitud. Luego en realidad, se llevan todos de maravilla y están encantados de escenificar una de las tradiciones leonesas por excelencia. Buena cosa es.
Las Cabezadas terminaron este año con empate y sin acuerdo. ¿Sorprendente? Qué va... Lo que no era previsible es que de la simpatía natural de José María López Benito, portavoz del Ayuntamiento y de la capacidad de reacción de Francisco Rodríguez, síndico isidoriano, saliera un cruce dialéctico algo descafeinado y un tanto plano.
Fue en el año 1984 cuando un clásico de la literatura, La historia interminable (Michael Ende) cobró cuerpo en celuloide con una versión dirigida por Wolfgang Petersen. Casi tuvo más éxito que el propio film la banda sonora interpretada por Limahl («Never ending stoooooooryyyy» sonaba aquello). Pero el argumento era el mismo. El protagonista era Bastian, que leía y releía el libro que relataba la destrucción de un reino llamado Fantasía, porque la Nada lo iba devorando. Eso le pasa algunos años a Las Cabezadas. Que hay veces que se pierde la imaginación. Casi al final de la disertación, a Francisco Rodríguez se le medio escapó un aserto que pudo haber sido decisivo, pero rectificó a tiempo: «En tiempos de turbación, no es bueno hacer mudanzas. Así que la obligación que voluntariamente hace el pueblo de León es una obligación graciosa». Releyendo a fondo la cosa, queda todo como estaba.
Por su intervención en la toma de Baeza en 1147, por acabar con la sequía de 1158 y por frenar las lluvias de 1626, León obsequia a San Isidoro con «un cirio de arroba larga y dos hachones de buena cera». El Cabildo del santo quiere que la cosa sea obligatoria y el Ayuntamiento una merced que hace libremente el pueblo.
López Benito propuso al abad de San Isidoro que así lo reconociera y el síndico le invitó a perder toda esperanza de que así fuera.
«No puede haber cariño desde la imposición», explicó el concejal. «Ni aparece reflejado en los Decreta por ningún sitio que exista esta obligación». Replicó Francisco Rodríguez rápido: «No se ha molestado usted en consultar el Archivo Capitular». Casi de soslayo hubo menciones a la colegiata como Cuna del Parlamentarismo y al caliz de Doña Urraca
Mitos y leyendas
La representación isidoriana aludió a un cuento recogido en Antología de Leyendas de España en el que un pueblo trató de acabar con una plaga de ratones construyendo puentes para que los roedores se fueran al pueblo de al lado. Al final, los problemas se multiplicaron en las dos ciudades. «Vamos a eliminar esta plaga, no a trasladarla», propuso Rodríguez. «León no va a se el flautista de Hamelín», replicó López Benito.
Salió a colación el vino de Santo Martino, que el cabildo bebe presuntamente en Jueves Santo. «Debe ser que eso les mude el talento y el talante», sugirió Yiyo. «El Cabildo y la Colegiata están obligados a agradecer las intervenciones del santo y no es por democracia, es por obligación», replicó el síndico.
El concejal de Deportes es colchonero y el abad culé. «Este año no quiero abusar. Pero por su pasado relacionado con Puente Villarente, Villafañe y Prioro, le regalo un cinto de lucha leonesa». Media caída para cada uno...