Ignacio Fernández secretario general de cc oo en león
«Si no hay empleo de calidad el crecimiento no sirve de nada»
Es cierto que hay datos macroeconómicos menos desfavorables, pero «habitan en el limbo», frente a una realidad ciudadana que «sigue siendo en blanco y negro». Hay alternativas, pero no pasan por la austeridad

Ignacio Fernández, secretario de CC OO en León, y Manuel Mayo, responsable de UGT en la provincia, ayer en la presentación del 1º de Mayo.
Frente a los «datos arrasadores» del mercado laboral local, y la dificultad de que las mejorías macroeconómicas se trasladen al día a día de los ciudadanos, el líder de CC OO en León exige a la Junta, como Gobierno más cercano, que identifique las zonas de inversión prioritarias en su programa de ordenación del territorio. Y advierte de que, sin empleo de calidad, el crecimiento económico no sirve de nada.
—Los datos económicos y laborales de la provincia se resisten al cambio de tendencia y al optimismo gubernamental. ¿Por qué?
—No sólo en León, en Castilla y León los datos son arrasadores. Aunque aquí la cosa es aguda, no es mucho más que el conjunto de la Comunidad y del Estado. Los niveles de pobreza, expedientes de regulación de empleo y deudas de la Seguridad Social son parecidos, y la destrucción de empleo también.
—O sea, no ve cambio de tendencia.
—Hay datos menos desfavorables que hace un año, pero son datos que habitan en el limbo, no están al alcance de las personas. El PIB crece como no crecía hace un año, el nivel de deuda es mucho más bajo, el flujo de las exportaciones está bien. Pero esto no es la cotidianeidad con la que la gente convive. Por tanto, saludando estos datos, la vida cotidiana sigue siendo en blanco y negro.
—¿Cómo se sostiene una provincia con una tasa de paro que supera el 26% y con la mitad de la población inactiva?
—Es que esta provincia no se sostiene en estos términos. Y si no se detiene la tendencia, que a corto plazo no se observa que haya nada que la vaya a detener, esta provincia está condenada a la ruina. Ahora hay que aprovechar la disposición de la Junta a dibujar mapas y ordenar el territorio para que vincule estos dibujos con inversiones. No valen si no tienen contenido de futuro, que no sólo pasa por la ordenación de los servicios, sino por la identificación de las zonas de inversión prioritaria. Esa es tarea de la Junta, porque es el gobierno más cercano.
—¿Es esa la alternativa a la situación actual, o se le ocurren otras?
—Esa en términos muy amplios. Entrando en asuntos concretos, para que la gente sea menos pobre una medida sería ampliar a toda España la renta de ciudadanía que implantó la Junta. Con los 1.500 millones que nos va a costar la tarifa plana de la Seguridad Social sería suficiente para que la gente fuera menos pobre, una medida de resistencia. Además, hoy (por ayer) presentamos al Gobierno un «plan Marshall» que defendemos ante la UE para conseguir aliados, y que supondría una tasa de inversión fuerte, aunque sea una parte muy pequeña del PIB de la unión. Es una propuesta que va contra la política de austeridad, pero sólo mediante estas inversiones fuertes es posible sacar la cabeza del agujero en este momento.
—El 1º de Mayo tiene muchos frentes. ¿En qué centran su atención este año?
—En el empleo. Es una obviedad, pero parece que hay que gastar saliva en explicar las cosas obvias. Si no hay empleo, el crecimiento no sirve de nada, no alivia los males de la mayor parte de la población ni genera los suficientes ingresos del Estado para recuperar un nivel mínimo de atención pública, que se ha perdido. Y empleo de calidad, no cualquier empleo. Es lo único que cabe. Es el problema y es la solución.
—¿Qué respuesta esperan a la manifestación convocada? ¿La desmovilización se mantiene aún en la actual situación de precariedad, recortes y desempleo?
—La sociología de las manifestaciones es muy rara. A veces una misma reivindicación tiene respuestas extraordinarias y otras veces no, es difícil de comprender. Pero tengo la impresión de que en este momento hay suficiente materia como para que la gente se comprometa un poco. En los dos últimos años ha habido un nivel de seguimiento notable, y no creo que este año se produzca un descenso en la participación.
—¿Cuál debe ser la respuesta de los sindicatos ante la situación, tanto laboral como de desmoralización de los ciudadanos?
—No cabe duda de que si somos capaces de cambiar el paso de las políticas del Gobierno en beneficio de todos será una respuesta importante, y en eso estamos insistiendo. Hace un par de meses, y esta misma semana, nos hemos reunido con el Gobierno, porque nunca nos hemos negado a la negociación directa, incluso con los más adversos. Mientras tanto, vamos suturando día a día las heridas, atendiendo a todos los conflictos. No creo que haya ninguno del que estemos ausentes, en algunos casos para buscar salidas honrosas, en otros para que los trabajadores sufran menos ante las agoníás laborales. Y, en último término, tratando de reimpulsar la actividad.
—¿Ve algo de optimismo en el futuro, a corto o largo plazo?
—Hay que ser optimista frente a las elecciones europeas, a pesar de que pintan truenos. Pero es un momento clave, en el que van a evaluarse las respuestas que se han dado a la crisis frente a las instituciones europeas. Hay que ser optimistas porque estamos en un proceso electoral y tenemos que ver si salen nuevos vientos. Pero es un proceso que hay que afrontar con sensatez y con conciencia, no con cabreo. De él depende casi todo. Hace falta un voto no cabreado.
—¿Qué mensaje lanzaría de cara a este Día del Trabajo?
—Un mensaje de ánimo. Y un recuerdo a Marcos Ana, premio Castilla y León de los valores humanos. Los trabajadores somos gente humilde, pero importante. Necesitamos que el trabajo asalariado sea reconocido también institucionalmente. Está imponiéndose un modelo de empresa, de emprendimiento y de autoempleo, pero el trabajo asalariado está siendo ignorado. Y hay que reconquistar la importancia que tiene.