EL CRIMEN DE ISABEL CARRASCO
El asturiano que vendió la pistola a Montserrat fue acusado de violación
El hostelero trató de suicidarse tragándose una bolsa de cocaína pero no lo logró

Una pistola similar a la que usó Monserrat González para matar a Isabel Carrasco
El individuo que presuntamente vendió a Montserrat González el arma con la que cometió el crimen fue acusado de un delito de violación y trató de acabar con su vida tragándose una bolsa del cocaína. Eso antes de morir y que su cadáver apareciera en avanzado estado de descomposición.
«Armandín», propietario del bar del mismo nombre que se ubica en el barrio de La Calzada de Gijón, un área del extrarradio de la ciudad costera asturiana que linda ya con la salida hacia las zonas de Luanco y Candás, murió en enero de 2013. Armando García Oliva estuvo implicado en un par de sucesos, según informaba ayer el diario El Comercio y terminó sus días de la misma forma.
Ocurrió el 27 de mayo de 2012,cuando en la centralita del 092 entró una llamada de petición de auxilio de una mujer, que aseguraba que la habían sedado con morfina y que una pareja la había sometido a abusos sexuales durante toda la noche entro del bar ‘Armandín’.
Cuando los agentes llegaron al local, ubicado en la Algodonera y a escasos metros de la iglesia de Fátima, se encontraron a la supuesta víctima fuera y en el interior al dueño del negocio, de 50 años, y a una ciudadana de origen rumano de 25 años.
En el cacheo que se les realizó localizaron 500 euros en efectivo, varios teléfonos móviles y diez papelinas de lo que parecía ser cocaína, además de un blíster con comprimidos de sulfato de morfina.
Como una pelota
Durante la detención, el hostelero trató de tragar una bolsa de un tamaño similar al de una pelota de tenis de mesa, que supuestamente contenía cocaína y con la que estuvo a punto de asfixiarse, de no ser por la rápida intervención de los policías locales, quienes le practicaron la denominada maniobra de Heimlich –comprensión abdominal– para que expulsase la bolsa, que le obturaba las vías respiratorias.
Se da la circunstancia de que esa forma de proceder de los agentes con el ahora relacionado con el crimen de Isabel Carrasco les hizo merecedores de una condecoración por parte de los mandos de la Jefatura de la Policía Local, durante la festividad de San Miguel de ese mismo año. No se sabía por entonces, de ser cierta la confesión de Montserrat González, que le había facilitado el arma con el que ejecutaría el crimen.
Alerta
Meses después de aquel incidente, cuando aún no se había celebrado el juicio, los vecinos de la calle de María Zambrano alertaron a la familia de Armando García Oliva por el olor a putrefacción que desprendía el local, que desde hacía meses se encontraba con las persianas cerradas a cal y canto.
La hermana del fallecido esperó a que pasasen las Navidades para entrar al bar. Cuando por fin se decidió, encontraron el cadáver en avanzado estado de descomposición. Nadie lo había echado en falta.
Quedan aún muchos flecos por atar. Entre ellos, cómo llegaron madre e hija —con piso en la zona centro y esposa e hija de un inspector jefe de la Policía, ahora de nuevo en la comisaría de Gijón— a contactar con ese individuo, con numerosos antecedentes.
Gran sorpresa
Los vecinos del barrio gijonés de La Algodonera no salían estos días de su asombro por que el difunto Armando, de quien suponían que traficaba con drogas esté ahora relacionado con el crimen de la presidenta del PP de León. En cualquier caso, por razones obvias ya no tendrá que responder ante la justicia de este caso, que ha salpicado a Asturias de forma indirecta por partida doble.