La compra venta triunfa en León
La fórmula comercial que se basa en dar un segundo uso a los productos consolida una red de establecimientos en la capital leonesa, que se acerca a la decena de tiendas. Entre la crisis y los hábitos que han dado refugio a los consumidores ante la pérdida de poder adquisitivo han venido a consolidar un sector comercial que va camino de la decena de tiendas en la ciudad. La fórmula del empeño, de la segunda mano, gana adeptos de forma exponencial; en oferta y en demanda.

La fórmula de las tiendas que ofrecen productos usados, definida por el mestizaje en la oferta.
El tamiz comercial que crece a la sombra del concepto del empeño se ha ramificado por la ciudad y el alfoz; cada barrio o extremo de la urbe cuenta con un establecimiento de este orden de consumo. La fórmula se ha asentado hasta el punto de que el negocio va camino de la decena de comercios. Los pioneros, consolidados; los nuevos, con voluntad de éxito, y ubicados sobre los locales mejor dotados para la función.
La demanda se contabiliza como aluvión si se tiene en cuenta la cantidad de mercancía que los leoneses acercan a estas tiendas que asumen el criterio que cataloga la actividad dentro del ámbito del empeño. Se ofrece todo tipo de género, de ropa, de calzado, que pueden tener un uso posterior, otra vida, que resulta posible si se tiene en cuenta como se contabiliza la concurrencia de los consumidores a los escaparates y los lineales y expositores interiores. «Tenemos clientes que pueden realizar compras por valor de treinta y cuarenta euros en cortos espacios de tiempo, que encuentran entres nuestras propuestas o ropa o calzado que satisfacen sus exigencias de calidad y uso y a un precio que no tiene competencia en el mercado», explican desde la regencia de una de las tiendas que han afianzado su posición ante los consumidores leoneses en ese sector mestizo que muerde espacio a la fórmula outlet, la segunda mano y la ganga.
Ropa, calzado, bolsos. «Para comprender el interés que pueden tener por nuestros productos podemos comentar que disponemos de bolsos de marcas de alto estanding que podrían alcanzar en el mercado precios de ciento cincuenta o doscientos euros, o más, y en nuestra tienda los pueden encontrar por veinte o treinta euros, no más», aporta un responsable comercial para explicar el éxito de la propuesta. Éxito comercial que tiene una estela común con el término más usado para definir la evolución de las transaciones; en el punto que coincidieron esta ecuación de darle salida en el mercado a lo que los demás les sobra y la crisis está el otro plano para comprender la dimensión del desarrollo de los comercios de compra venta que florecen entre ruinas. «Sí, la crisis puede explicar que haya más aportaciones al mercado, de productos de los que la gente decide prescindir, igual que haya crecido la clientela y la facturación que responde al otro lado del negocio, que son los que acuden a buscar esos productos que, aunque de segundo uso, se ajustan a parámetros de calidad», explican los comerciantes.
Parece prescindible recurrir a la analogía que la irrupción, los casi diez centros comerciales que se desenvuelven en este ámbito de consumo en la ciudad y su extrarradio, tiene que ver con el contagio televisivo que aportan los docurealities norteamericanos a través de los canales de la tele terrestre digital. El engranaje, el discurso. «Bueno, puede que valga la orientación, y es verdad que algunos clientes vienen aleccionados sobre el funcionamiento de este negocio por lo que ven en la tele», reflexiona Alejandro Álvarez, que es uno de los gestores de la tienda Class Converters, que desde hace más de un año aplica esta noción comercial desde un local amplio de la arteria principal de Eras de Renueva. Allí nació, allí creció y allí consolidó una idea de transacción que dispone de un contenido nada raquítico. «Yo puedo decir que contamos con un clientela habitual que encuentra ya en la tienda cosas que antes igual buscaba en las tiendas de moda, o productos que por su carestía no se compraban en otros comercios, y que nuestros precios sí son asequibles para la mayoría de los bolsillos y la economía doméstica».
Hay un código general que sujeta la relación de clientes y comerciantes; clientes en la función de empeñados. Depósito del producto en que se pondrá a la venta a un precio acordado de antemano, del que se repartirán los beneficios al cincuenta por ciento. El hilo conductor de la relación circula entre esas cláusulas, que según las tiendas, oscila en el porcentaje fijado para vendedor y revendedor; o que este último se puede reservar la determinación de rebajar un tanto por ciento el precio en el caso de que en un tiempo fijado de antemano el género no llegue a venderse.
Prevalece la fórmula del empeño, puro y duro, a semejanza del guión que muestran los realities de la tele que dieron empaque y popularidad a la fórmula, extensión a los recursos contra los apuros que arrastra la crisis. Los productos que se mueven por este cauce se elevan de estadio, por valor y precio. Ordenadores portátiles, televisiones, aparatos electrónicos, telefonía móvil, bicicletas o motos forman el grueso de ese segundo bloque de productos que acaban en la estanterías de oferta de empeñados. El precepto también está predeterminado por la letra pequeña de los contratos; hay precio de empeño y un tiempo para liberarlo. Después de que caduque ese vigor, la salida es la venta, a precio acomodado. Son algunas de las pautas que razonas este crecimiento sostenido de la oferta en el mercado de la segunda mano, que se nutre con presencia excepcional de productos muy bien definidos; en ese vértice se pueden encontrar el mobiliario y los complementos infantiles y de bebés. En los dos sentidos de circulación comercial, atendida por la demanda y dinamizada desde la parte den la oferta, crece a la orden del día de actividad de este tipo de tiendas. Es parte de ese tipo de productos que tienen una dedicación limitada para sus usuarios;.
Las tiendas de compra venta se presentan como torres de babel ordenadas y ajustadas por códigos de barras; mestizaje comercial que representan cada vez una referencia comercial entre los usos y los gustos de los consumidores. «No tenemos cosas residuales, ni tampoco escasas de calidad; la diferencia está en el precio», resume Alejandro Álvarez, comerciante.