Diario de León

El último arriero andaluz pasó por León

Pepe Villanueva, con su burro ‘Pajarito’ y su perra ‘Chispa’, ayer, en las afueras de la capital leonesa.

Pepe Villanueva, con su burro ‘Pajarito’ y su perra ‘Chispa’, ayer, en las afueras de la capital leonesa.

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e. gancedo | león
León

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Pepe Villanueva es un buen exponente de las sorpresas visuales y humanas que tantas veces depara el Camino de Santiago a lo largo de su amplio trecho leonés. De las dificultades que ha de afrontar el peregrino que decide viajar con animales, de la dureza de aquel caminante que, como debería ser preceptivo, no sólo se dirige hacia Compostela sino que también debe regresar a su casa a pie. Pepe Villanueva salió el pasado 15 de junio de la finca que cuida con mimo en Zaldívar (Vizcaya) en compañía, como dice, «de mis mejores amigos», el burro ‘Pajarito’ y la perra ‘Chispa’, y ayer pasaba por León, de regreso a la tierra a la que emigró desde su Andalucía natal, en su juventud y como tantos otros, en busca de trabajo.

Y es que Pepe es natural de la Axarquía malagueña y procede de una antiquísima saga de arrieros. Él mismo, en su niñez y adolescencia, trajinó aceite y grano, a lomos de recios burros andaluces de pelaje blanco, por las sierras de Málaga y Granada, y le quedó siempre el recuerdo de aquellos afanes y el gusto por enjaezar los pollinos según la costumbre colorida del viejo oficio. Por eso llama ‘Pajarito’ a su borrico, en recuerdo de uno muy sufrido que tuvo de niño —éste en realidad se llama ‘Lucero’— y por eso surcó con orgullo la Tierra de Maragatos, cuya estirpe venera. A pesar de los vallados y caminos cegados que le hicieron muy difícil el camino entre Zaldívar y Vitoria —campo a través—, su montura y su acompañante canino, muy ufano sobre las alforjas, se han portado como campeones. Y anécdotas no le han faltado. En Santiago le estaba entrevistando la Televisión de Galicia y una señora no dejaba de meterse por medio. «Es que quiero salir en la tele», se defendía. «¡Pues cómprense un perro y un burro, y haga el camino!», respondió, muy juicioso, el señor Pepe.

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