LEÓN, CUNA DEL PARLAMENTARISMO
Un monumento a la soberanía del pueblo
La conferencia de presidentes de parlamentos autonómicos asienta en su Declaración de León que las Cortes de 1188 son el «modelo» y la «raíz» del «régimen representativo». Los Decreta de Alfonso IX se exhibieron ayer en la cumbre autonómica celebrada en San Isidoro como ejemplo para que «los españoles valoren y aprecien aún más las hondas raíces de nuestro sistema de libertades», que se remontan a las Cortes celebradas en León en el año 1188.

Los presidentes de los parlamentos autonómicos en el Panteón de los Reyes, en San Isidoro
Nueve siglos después, la Colegiata de San Isidoro rememoró las Cortes de 1188 con la celebración de la conferencia de presidentes de los parlamentos autonómicos. Allí, en el mismo foro en el que Alfonso IX convocó por primera vez en la historia a los representantes de las ciudades junto a la nobleza y el clero, la denominada Declaración de León insistió en tomar el ejemplo abierto por los Decreta para que «el parlamentarismo autonómico, el más cercano a los ciudadanos, continúe con su desarrollo, sea modelo de buenas prácticas y esté a la altura de lo que nuestra sociedad demanda a quienes han recibido el mandato de representarla». Una manifestación filosófica que quiso resumir la presidenta de las Cortes de Castilla y León, María Josefa García Cirac, al invitar a los otros once participantes en la cita, a «difundir y explicar» en sus parlamentos a los ciudadanos que representan que «en León todos los ciudadanos contamos con una rica historia que hizo posible siglos después un régimen representativo».
Los once presidentes reunidos incidieron en la importancia de la firma en la Colegiata de San Isidoro por su consideración como «monumento histórico a la soberanía del pueblo» desde el que, por medio de la declaración pactada, «contribuir al mejor conocimiento» de León como cuna del parlamentarismo para que «los españoles valoren y aprecien aún más las hondas raíces de nuestro sistema de libertades».
Desde este ejemplo, «el parlamentarismo ha llegado a ser sinónimo de democracia por su capacidad de evolucionar y perfeccionarse, y desde luego tiene que continuar adaptándose a las necesidades y aspiraciones de la ciudadanía, de la que los parlamentos son portavoces y delegados», según el documento firmado por los representantes de las once asambleas autonómicas citadas: Madrid, Aragón, Extremadura, Valencia, Murcia, La Rioja, Baleares, Galicia, Asturias, Castilla-La Mancha y Castilla y León. Por este motivo, los asistentes insistieron en que «es imprescindible, desarrollar y poner en marcha actuaciones que permitan establecer un contacto más fluido, cercano y permanente entre representantes y representados, de acuerdo a características sociológicas y demográficas de los territorios, así como aprovechar el potencial que nos ofrecen las nuevas tecnologías para abrir nuevos cauces de opinión, interacción y participación de la ciudadanía».
Los representantes de los parlamentos autonómicos asumieron con la declaración que su «responsabilidad, la de todos los que han tenido el honor de haber sido elegidos por los ciudadanos, es la de estar a la altura del nivel de exigencia propio de una sociedad avanzada, ofrecer claridad y rigor en las actuaciones, más transparencia, más cercanía y más participación». «Estos desafíos que tenemos planteados como sociedad democrática deben ser una prioridad para los cuerpos legislativos y, por ello, los presidentes reunidos nos comprometemos a promover iniciativas, en el ámbito de nuestros parlamentos, que contribuyan a dar respuesta a los mismos», consensuaron los asistentes a la cumbre, después de una hora de reunión.
Antes de pasar a firmar en el libro de honor de la Colegiata de San Isidoro y visitar las instalaciones guiados por el abad, Francisco Rodríguez, los presidentes de los parlamentos autonómicos resaltaron la importancia de la inclusión por parte de la Unesco de los Decreta de Alfonso IX como «Registro Memoria del Mundo, por considerarlo ‘la referencia más antigua al sistema parlamentario europeo que se conoce hasta la fecha». Un «gesto inicial» después del cual «fueron necesarios muchos siglos para que llegara a dar todos los frutos que llevaba en su interior, un período muy dilatado en el que distintos tipos de gobiernos autoritarios pretendieron una y otra vez dar marcha atrás al reloj de la historia, o incluso borrar la memoria de tales instituciones, como si no hubieran existido jamás». «Sin embargo, la semilla sembrada en León en 1188 se había extendido» y acabó «tomando forma una idea revolucionaria, expresada al principio con prudencia y luego de forma cada vez más abierta, esto es: que el poder emana siempre del pueblo».