Diario de León

CONDECORACiÓN

El policía que siguió a Triana y su madre: «Hice mi labor como ciudadano»

El policía retirado que permitió la detención de las asesinas de Carrasco recoge la Medalla de Oro convencido de que no es «un héroe» y de que «lo volvería a hacer»

El alcalde y el policía jubilado Pedro Mielgo Silván

El alcalde y el policía jubilado Pedro Mielgo Silván

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M. A. ZAMORA / Á. CABALLERO | LEÓN
León

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No se inmuta, mientras los micrófonos se multiplican y las cámaras brujulean a su alrededor. Hace seis meses que le buscan y su primera imagen pública le presenta pausado, con una educación exquisita y una humildad sin impostura. No es una pose. Es una actitud: el aval con el que se presenta a recoger la Medalla de Oro de la Policía Local Pedro Mielgo Silván, agente del cuerpo nacional en segunda actividad, por «hacer la labor que tenía que hacer como ciudadano». Dicho así, a estas alturas, parece que no tiene importancia. Pero si se enfoca aparece el mérito: sin él, «posiblemente», como admite, a día de hoy todavía no se habría encontrado a las asesinas de Isabel Carrasco. «Eso sí que no, jamás en la vida, nunca me consideraré un héroe», espanta de delante, mientras aprovecha para compartir la condecoración con su mujer, Elena Morandeira Sánchez. «Se lo merece igual que yo. Fue quien llamó al 112 y me dio mucha fuerza para hacer lo que hice», subraya.

Lo que hizo fue presenciar los disparos y seguir a Montserrat González hasta el cruce de Gran Vía de San Marcos con Roa de la Vega, donde estaba aparcado el coche en que pensaba huir junto a su hija, Triana Martínez. «Siempre en tu trabajo lo que llevas sale de dentro y lo hice como debía hacerlo», concede, sin dar ni siquiera importancia al hecho de que, por los seguimientos que efectuó como agente en activo, logró identificar a la presunta asesina por las medias, después de que se hubiera cambiado. «Nunca se actúa igual, cada caso es distinto», señala, sin negar que en una persecución como la que realizó, sin saber dónde había quedado la pistola, «temor y miedo algunas veces también se pasa». ¿Volvería a hacer lo que hizo’, le interrogan. «Sí, en un caso como ese, para ayudar lo haría, no se puede dejar así», acierta a enunciar. «Vamos a dejarlo ahí. Del caso soy reacio a hablar. Estoy aquí para recoger la medalla con mucho orgullo, como leonés que soy. Se lo agradezco mucho a la ciudad y las instituciones, porque no me lo esperaba», repite ante la insistencia para que se dé importancia.

No lo hace, ni lo ha hecho en estos meses. Semanas en las que reconoce que se ha sentido agobiado por medios que le han buscado «preguntando a los vecinos con fotos sacadas del Facebook» y que ha tenido noches casi sin dormir. «Nos hemos tenido que marchar un mes fuera», apunta su mujer, mientras su hijo y su hija, en un segundo plano, les escuchan. «Me quiero olvidar hasta el momento del juicio, tranquilizarme», asegura. «No es agradable ver a una mujer ahí muerta», afirma. «A ver si pasa todo esto», se le escapa, antes de hacer mutis por el foro, camino del anonimato que anhela recuperar.

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